Sólo siete de los que estuvieron secuestrados siguen siendo diputados

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g.b. | redacción
León

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A pesar de la polémica, el Congreso vivió ayer una jornada emotiva en la que todos recordaron el día en el que las libertades democrátricas estuvieron amenazadas por las armas. Además del propio presidente del Congreso, Manuel Marín, había ayer en el hemiciclo otros seis diputados que estuvieron sentados en sus escaños hace 25 años cuando Tejero entró pisto-la en mano en el Congreso al grito de «¡quieto todo el mundo!». Se trata de Juan Carlos Guerra Zunzunegui, Txiqui Benegas, Alfonso Guerra, Gabriel Cisneros, José Acosta y Luis Gámir. En la tribuna de invitados se encontraban también los diputados que entonces formaban la Mesa y la Junta de Portavoces del Congreso: Carlos Solchaga (PSOE), Soledad Becerril (UCD), Leopoldo Torres (PSOE), Miguel Ángel Arredonda (Partido Andalucista), y el entonces secretario general del Congreso, Nicolás Pérez Serrano. Los diputados, puestos en pie, reconocieron ayer su labor en aquellos años con una cerrada ovación. El aplauso podía haberse hecho extensivo a otros veteranos de la época que, aún hoy, ocupan escaño y se dedican a la actividad parlamentaria. Manifestaciones Además de la descripción del papel de las instituciones en el fracaso del golpe, del 23-F, la declaración oficial destaca «los sentimientos por la libertad, por la democracia y la defensa de la Constitución clamo-rosamente proclamados en todos los pueblos y calles de España por millones de ciudadanos y ciudadanas en la inolvidable tarde del 27 de febrero de 1981», jornada en la que hubo manifestaciones en toda España.

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