Un peatón que pasaba frente al BBVA vio el atraco por los ventanales
Un negociador logra la rendición de dos atracadores con rehenes
Dos hombres secuestran más de tres horas a 11 clientes y empleados de un banco
El distrito madrileño de Puente de Vallecas vivió ayer un episodio de película. Dos hombres mantuvieron retenidas durante más de tres horas a los empleados y clientes de una de las sucursales del BBVA en la Avenida de la Albufera, la arteria principal del barrio. Los atracadores, Julio M.C. de 31 años y Miguel Ángel S.A., de 42, entraron en el banco alrededor de las 14.15 horas armados con sendas pistolas. A las 17.30 horas el negociador de la policía ya habían conseguido convencerles de que soltaran a los rehenes y se entregaran. Todo quedó en un susto para los afectados, que según el Samur no requirieron asistencia médica, a pesar de su estado de nerviosismo. La voz de alarma saltó cuando -de acuerdo con el relato de las fuerzas de seguridad del Estado- un viandante que pasaba frente a la oficina bancaria vio a los dos hombres a través de los cristales. Su llamada al 091 se produjo casi al mismo tiempo que otro ciudadano comunicaba que había sido informado de un atraco por la empleada de la entidad bancaria que le atendía en una gestión telefónica. Ambos detenidos, de nacionalidad española, poseen en su historial arrestos por robo con violencia y el grupo de atracos de la policía madrileña investiga al de mayor edad por su presunta implicación en amenos cinco robos cometidos en las últimas semanas. «La habéis cagado» En esta ocasión, iban a cara descubierta aunque, según el testimonio de dos rehenes, uno de ellos llevaba peluca y gafas de sol y el otro tenía el pelo teñido de un color chillón. Su irrupción, dicen, no fue violenta. Esperaban cola como el resto de los clientes cuando sacaron las armas. «Nos dijeron que sólo querían dinero y que no nos preocupáramos, que no querían problemas», aseguró una de las víctimas del suceso. La cosa se complicó después, cuando empezaron a sonar las sirenas de la policía. Visiblemente nerviosos, advirtieron a los empleados: «La habéis cagado». Los secuestrados, privados de sus teléfonos móviles, fueron confinados en uno de los cuartos del establecimiento. Todos, menos uno de los empleados, el director. Supuestamente los atracadores se lo llevaron aparte para que les hiciera entrega del dinero. Pero no les dio tiempo a más. Hacia las 14,30, apenas un cuarto de hora después de haber proferido su primera amenaza, una mujer empezó a sentirse mareada y accedieron a su liberación. A partir de ahí, fueron saliendo de forma escalonada el resto de los once rehenes, gracias a la actuación de los agentes encargados de la negociación. Juan Manuel, un cartero que se encontraba en el interior del banco, aseguró que los atracadores exigieron a la policía dinero, drogas y un coche con el que huir. Las Fuerzas de Seguridad cortaron la calle al tráfico de forma parcial y acordonaron el entorno de la oficina, situada en el número 89. Los coches de la policía municipal y algunas unidades motorizadas de la policía eran lo único que permitía pensar que algo sucedía en esta concurrida calle en la que, por otro lado, ni se cerraron los comercios, ni se impidió el paso a los caminantes. En un comunicado, la Dirección General de la Policía, se felicita por el trabajo del negociador «figura fundamental -subraya- para la resolución de atracos con rehenes». Según apunta, los últimos casos en los que se han producido hechos de esta naturaleza «los agentes de la policía formados y entrenados para negociar han resuelto la situación de crisis favorablemente».