| Reportaje | Historia de un proyecto |
De las promesas a la primera factura
Además de los retrasos en los plazos de construcción de los canales, los regantes protestan por la única forma que tienen de acceder al agua: el bombeo
Los regantes que dependen del denominado segundo plan de desarrollo de Riaño, que se vertebra a partir del canal Bajo de Payuelos, se saben de carrerilla el nombre de los ministros de Medio Ambiente (o equivalencia), de los presidentes de la CHD que han tentado este cargo en los últimos quince años, de los jefes de sección que han ordenado la reconversión de los páramos de cereal en terrenos dispuestos para el regadío. «Sí hombre, aquí hemos tratado con mucha gente», reconocen los agricultores que han participado de este cambio en Castrotierra, Gordaliza o Joarilla de las Matas. «Es lo que tiene tanto tiempo de promesas, tanta legislatura y ningún cambio». Sólo hablan de un recuerdo con cierta dosis de ilusión: «La primera vez que entró agua por ese reguero -vuelven a señalar al regato de tierra del que beben las mangueras y las motobombas hasta el límite con el Cea- y se vio a la gente como nunca se vio aquí; hubo inversiones en sistemas de riego, una esperanza». Que duró tanto como las decisiones de distintos gobiernos en apagar la creencia en la posibilidad de que el riego haría rentables los cultivos de maíz, de remolacha o de alfalfa en esta zona. «Hasta que ha comenzado a escasear el agua que nos mandan en precario; y además, hemos visto que mientras en otros sitios se ha apoyado la transformación y modernización o consolidación de regadíos, aquí, tenemos que competir con una motobomba que devora gasóil; esto es la ruina». Quemar gasóil Óscar Díez detalla la factura: «En quince días, 5.000 litros de combustible; y no ha llegado lo duro del verano. Eso, si llega el agua». Los agricultores comparten una sensación general sobre la dejadez que las administraciones demuestran hacia sus reivindicaciones. «Nosotros lo que sospechamos es que quieren que el agua se vaya hacia abajo», opinan, al tiempo que señalan con el índice la línea de la llanura que se pierde tras el Cea: «A Valladolid». Y vuelven a los directivos: «Sí, De la Guía se portó bien con nosotros; cumplió. Trajo el agua, y mantuvo su promesa de no cobrar. Luego, los que han venido detrás cambiaron», recuerda Agustín Paniagua, vocal de los regantes, que a partir de este año, y en algunas zonas, ya han sido advertidos de la llegada de la primera factura.