MIGUEL CASADO | POETA, CRÍTICO LITERARIO Y CATEDRÁTICO DE SECUNDARIA «Antonio Gamoneda en el espacio de la poesía moderna»
«El poeta reconstruye mundos a partir de una raíz de negatividad»
José Enrique Martínez junto a Miguel Casado, que analizó la modernidad en la obra de Gamoneda
El escritor vallisoletano Miguel Casado sigue desde hace 24 años el rastro poético del premio nacional de Poesía Antonio Gamoneda y de él ha realizado amplios estudios en la edición de Edad , y el epílogo de Esta luz , la poesía reunida del poeta leonés. Ayer, en el congreso de Literatura Leonesa Actual, dejó sentada su «modernidad» más allá de las disquisiciones clásicas sobre esta categoría narrativa y de la propia biografía del poeta. «Antonio Gamoneda refiere una conciencia radical de modernidad, la de una inmensa soledad», señaló Casado tras leer el poema del libro Pasión de la mirada : Vivo sin padre y sin especie ; / callo porque no encuentro en el osario ciego/ del sonido aquellas como frutos/ antiguos, las adánicas, redondas / palabras oferentes. Van perdidas / las prietas de salud; quedan vestigios: /astillas, soledad, tierras, estatuas. Ni desafiante, ni triunfante, el poema expone el desajuste entre la voz enfática en vez de reafirmar su yo, explicó el también crítico literario y catedrático de literatura de Secundaria para quien las contradicciones que atraviesan la obra de Gamoneda son equiparables a la metamorfosis del conflicto en el mundo moderno. El trabajo de reescritura refleja, según el experto, el problema de «la inestabilidad del yo» presente en sus poemas, que «a veces son apelativos, se dirigen a alguien y alguien resuena en su fondo»: «¿ Quién ha entrado en mis oídos? », dice emblemáticamente uno de sus versos. La experiencia de la historia personal se aparece en el poeta «como un juego de cajas chinas», cada una de las cuales contiene las mismas cosas que las anteriores, añadió Casado tomando como ejemplo otros versos del autor de Descripción de la mentira . De «puro realismo» calificó el profesor el materialismo verbal de la escritura de Gamoneda, que utiliza además «imágenes altamente plásticas pero no visualizables» que proceden de un proceso intelectual y de fuerza sonora tan rotunda en figuras como zumo de las tinieblas. «El land art de Gamoneda», incidió Casado, dibuja un «paisaje que hiere y es dulce». Arden las pérdidas es exponente de esa dialéctica negativa en la que la belleza se convierte en el valor existencial del mundo y «sobreviene a lo más duro». Al igual que sucede con el movimiento de la entropía, la poesía de Gamoneda -agregó- es «energía negativa, pérdida, para hallar nuevos valores, la emoción de la belleza y otro mundo autoorganizado y nuevo». «A partir de una raíz de negatividad surge un proceso de reconstrucción de mundos, siendo el poeta fiel a sí mismo», puntualizó. Miguel Casado y estableció un paralelismo entre el «ví» de Gamoneda y el de Juan de Patmos en el Apocalipsis cristiano. «El parentesco (de éste) con la memoria de Gamoneda es a veces inquietante». «Es el ver de la percepción y de la visión y en su cruce se insinúa la latencia del mito», resaltó.