El coste para una vivienda unifamiliar oscila entre 6.000 y casi 60.000 euros

Los ayuntamientos son los mejores clientes de las energías alternativas

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A. Núñez - león
León

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Pagar la instalación de paneles solares es lo más caro a la hora de decidirse por una alternativa ecológica en el abastecimiento domiciliario de energía. Un equipo convencional de gas o gasóleo para agua caliente y calefacción cuesta una media de 3.500 euros, en tanto que otro, sólo para agua caliente, vale más del doble. Si se le añade el circuito de calefacción los números pueden quintuplicarse fácilmente y hasta multiplicarse por diez cuando el usuario tenga una pequeña piscina que calentar, como lujo: entonces el presupuesto puede sobrepasar diez millones de las desaparecidas pesetas. Las empresas del sector aseguran que este gasto se amortiza con relativa rapidez, porque la energía solar permite luego ahorrar hasta un 45% del consumo en combustibles convencionales, algo sobre lo que cada cliente debe echar cuentas en su propia casa porque no es lo mismo un chalet de lujo que un pequeño piso protegido entre el microclima de otros veinte o treinta en un mismo bloque. Tampoco el coste de las instalaciones es proporcionalmente la misma. En una vivienda unifamiliar se puede optar por un mínimo de cinco o seis metros cuadrados de placas en el tejado o, si se tiene piscina, buscar un muro o tapia con la orientación correcta, hacia el sur, lo cual suma una inversión millonaria. Por el contrario, la futura normativa que pretende obligar a poner paneles en futuros bloques urbanos apenas va a representar entre el 1% y el 2% del coste final de las viviendas, lo que, traducido a precios medios, no sobrepasará los dos mil euros por unidad en la provincia de León. Eso sí, en uno y otro caso, los sistemas de energía alternativa deberán ser complementados para calendarios climáticos anormales con otros de toda la vida, como el gas, el gasóleo o la electricidad. Poca luz Así como los sistemas de calefacción son cada vez más demandados, los de energía solar para generar electricidad en los hogares tienen un futuro más problemático, al menos por el momento. Las placas soleres para energía fotovoltaica sólo tienen aceptación en las empresas, dependencias públicas y, excepcionalmente, en lugares muy remotos, donde para abastecer de eléctricidad a una vivienda hace galta un autogenerador a falta de redes y tendidos eléctricos clásicos a mano. Según los técnicos, estos equipos son excepcionales para usos caseros o pequeños edificios, salvo refugios de montaña o cosas parecidas. Proporcionar electricidad a una vivienda con placas fotovoltaicas para cubrir todas sus necesidades requeriría una superficie de paneles instalados equivalentes no menos de dos hectáreas, casi como otros tantos campos de fútbol, de modo que hasta los técnicos más optimistas consideran todavía esta opción como no rentable, lo mismo que una potencial instalación añadida de aprovechamiento eólico, todavía más cara y sin tecnología viable a nivel de usuarios individuales.

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