Un viaje de retorno hacia pueblos semidesiertos

Los viejos emigrantes que regresan con el pasaje subvencionado por unas pocas semanas se encuentran con pueblos vacíos y sin parientes

El folclores es lo que queda de sus pueblos para muchos emigrantes retornados

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A. Núñez - león
León

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No es fácil recuperar la memoria de la emigración que salió para Latinoamérica entre finales del siglo XIX y mediados del XX con dos conflictos bélicos mundiales, una guerra civil y las correspondientes entreguerras en medio. En aquella época no había estadísticas fiables, pero debieron ser decenas de miles los leoneses que cruzaron el Atlántico a la busca de fortuna y mejor suerte de la que tenían reservada aquí. Según la memoria del Programa Añoranza «hacia el año 1930 alrededor de dos millones de españoles se hallaban asentados fuera de las fronteras nacionales» por razones de carácter económico o político, antes de la pérdida de las colonias para evadirse del servicio militar y después de la República para huir de la dictadura franquista. Sólo a partir de las décadas de los cincuenta y sesenta el flujo de la emigración comenzó a derivar hacia los países europeos más desarrollados en detrimento de Latinoamérica. Argentina y Cuba se configuraron históricamente como principal punto de destino de la emigración del siglo pasado, que se llevó tras de sí a pueblos enteros, algunos de los cuales se refundaron materialmente al otro lado del océano y aún llevan nombres que recuerdan a la Maragatería, el Bierzo o la Montaña. Según los responsables del Programa Añoranza, una de las cosas que más suele sorprender a los emigrantes que retornan con billete de la Diputación es que sus pueblos de origen estén semivacíos. Luego retornan a los pagos argentinos, mejicanos o uruguayos con una doble nostalgia: la vida que no pudo ser cuando ellos emigraron y la que tampoco ahora es posible para regresar, con la parentela que se quedó aquí, pero luego marchó a Madrid, Cataluña o el País Vasco y unos pocos habitantes residuales en la casa solariega, que, por edad, son ya todos abuelos, además de primos lejanos muy mayores. Consulados, embajadas y, sobretodo, casas regionales se afanan en atar lazos con parientes de uno y otro lado del mar, pero quienes regresan se encuentran con pueblos semidesiertos. Los que disponen de billete gratis de la Diputación son los que tampoco han encontrado fortuna en la otra esquina del planeta, pero lo que menos podían esperarse es que también su pueblo hubiera ido a peor también aquí, sin necesidad de correr mundo. Ahora les toca a los nietos. S

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