La norma logró el apoyo del 87,4% de los votantes, pero sólo votaron el 36,26% de ciudadanos

Andalucía aprueba el nuevo Estatuto con la participación más baja de su historia

Dos de cada tres andaluces se desentienden de la nueva carta autonómica Chaves destaca el sí abru

Trinidad Rocío desposita el voto de una electora en la mesa que presidió en El Palo

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Paula de las Heras - sevillamálaga
León

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Andalucía dio el sí a su nuevo estatuto de autonomía, pero lo hizo con la boca pequeña. El 63,7% de los más de seis millones de andaluces con derecho a voto ignoraron ayer su cita con las urnas y dieron una contundente muestra de desafección por un texto que ha tenido enfrascada a la clase política de esta comunidad autónoma durante dos largos años. Jamás un plebiscito celebrado en España había cosechado tan poco entusiasmo. Los defensores de la reforma encajaron el varapalo con estoicismo y defendieron que lo que legitima la ley es el porcentaje de papeletas que abogan por su aprobación: un 87,4%. El no se quedó en el 9,4%, con un 99,54% de las papeletas escrutadas al cierre de esta crónica. El sí estaba ganado de antemano. A pesar de las disputas iniciales entre los dos partidos mayoritarios por la incorporación de preceptos similares a los del Estatuto de Cataluña y por la definición de Andalucía como una «realidad nacional», fue posible el consenso. El Partido Popular, que había dicho no al nuevo marco institucional en el Parlamento autonómico, dio luego su respaldo a una versión «cepillada» (en el lenguaje empleado por el presidente de la comisión constitucional, Alfonso Guerra) en el Congreso de los Diputados. Sólo el Partido Andalucista, que en los pasados comicios autonómicos obtuvo el 6,19% de los votos, mantuvo su rechazo porque consideraba, precisamente, que el nuevo texto sitúa a Andalucía a años luz de Cataluña. El consejero de Presidencia, Gaspar Zarrías, defendió ayer que el resultado del referéndum basta para acometer la tarea de hacer «realidad» todos y cada uno de sus artículos. El sí, a juicio del número dos de la Junta, es «abrumador» y permite «con toda legitimidad» aplicar una ley que, entre otras competencias, otorga a Andalucía la capacidad de planificar el ciclo hidrológico del Guadalquivir, de autorizar los permisos laborales para los inmigrantes o de acometer las inspecciones de trabajo. Una ley que le atribuye un consejo autonómico de Justicia propio y que compromete al Estado con una inversión equivalente al peso de la población andaluza en el conjunto de España por un período de siete años. Este tipo de «avances» no lograron arrastrar a las urnas a los andaluces, según Zarrías, por un «exceso de confianza» en que el sí ganaría como lo hizo. En 1981, cuando se aprobó el Estatuto de Carmona, el apoyo al texto estaba también garantizado. De hecho, llegó al 90». Sin embargo, el nivel de participación fue mucho más elevado que en esta ocasión, que ha sido del 36,82. Entonces votó el 53,49%. «Nadie esperaba ahora tanto, pero tampoco que la participación quedase muy por debajo incluso a la cosechada en el referéndum de la constitución europea en febrero del 2005, que fue del 42,35. La ratificación del estatuto gallego en diciembre de 1980, con una participación del 28,267% del censo, sigue siendo las cita de menor afluencia a las urnas en toda la historia democrática de España». Trifulca política «Ya habrá tiempo de poder analizar el comportamiento de cada uno de los grupos políticos», dijo Zarrias achacando de manera indirecta la falta de movilización al comportamiento del PP. Todos los partidos han admitido que la campaña para el referéndum se ha visto contaminada por la proximidad de las elecciones municipales de mayo. La provincia con mayor participación fue Jaén, con un 43,65%. La ciudad es feudo popular; el conjunto socialista. Los menos participativos, los gaditanos, con un 30,64%.

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