Para el número dos de los socialistas «no hay margen para confiarse» ante las generales
El PSOE ordena a sus federaciones que inicien ya la campaña electoral El PP concede a Rajoy una segunda oportunidad de llegar a La Moncloa
José Blanco inicia mñana una gira para poner en marcha la máquina electoral del partido
La junta directiva nacional le proclamará hoy como candidato
«No hay margen para confiarse». El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, inicia mañana una gira por todas las federaciones del partido con este mensaje. El número dos de los socialistas pretende poner firmes a los dirigente territoriales ante la escasa ventaja que auguran las encuestas en las próximas elecciones generales. Los socialistas aseguran que parten de una «buena situación», pero temen unos resultados similares a los de 2004, que dejen a José Luis Rodríguez Zapatero en una situación inestable al albur, una vez más, de los pactos con los nacionalistas. Dos golpes fuertes Blanco está convencido de que quien golpea primero golpea dos veces y no quiere que los suyos se duerman en los laureles. El Gobierno arrancó el verano con dos golpes de efecto consecutivos. Primero fue la victoria que, según todas las encuestas, se granjeó el presidente del Gobierno en su cara a cara con Mariano Rajoy durante el debate sobre el estado de la nación y, pocos días después, una remodelación del gabinete gubernamental que sirvió para desembarazarse de los ministros peor valorados por la opinión pública e imprimir nuevos bríos a la acción gubernamental. Pero la dirección del PSOE cree que ambos éxitos están ya más que amortizados. El secretario de Organización, que a lo largo del septiembre quiere recorrer todas las federaciones del partido, arrancará en Murcia y Valencia una gira para que los suyos interioricen la idea de que «no hay nada ganado». Los socialistas saben que el primer partido de la oposición pretende hacer de la incertidumbre económica derivada de la crisis hipotecaria en Estados Unidos uno de sus principales caballos de batalla. El desgaste del adversario Blanco propondrá a los dirigentes de su partido un antídoto: el desgaste de la imagen del adversario. El argumentario que difundirá a lo largo de los próximos días, pues esta semana estará también en Madrid y Galicia, y la próxima tiene previsto desplazarse al País Vasco y Castilla-La Mancha, incide en esta cuestión. El PSOE quiere explotar la idea de que «el PP mantiene una crisis de liderazgo, pero sobre todo tiene una crisis de proyecto político». El PSOE busca que el mensaje cale y que lo haga cuanto antes porque, según Blanco, «lo que seamos capaces de hacer y de trasmitir a los ciudadanos durante los próximos tres meses tendrá tanta o más relevancia que la campaña electoral oficial». El secretario de Organización socialista también pedirá a los suyos que no se entretengan mucho en explicar la acción del Gobierno en una legislatura que ha estado marcada por el fallido proceso de paz y las reformas estatutarias. «Dedicaremos estos meses a explicar lo que se ha hecho pero, sobre todo, debemos explicar lo que queremos hacer durante los próximos cuatro años», sostiene. En esta línea insistirá en la necesidad de proyectar la idea de que el PSOE representa a una España que «seguirá avanzando», mientras que el PP significa el «retroceso y el regreso a 2004». El PP proclamará hoy a Mariano Rajoy candidato a la Presidencia del Gobierno en las elecciones de marzo de 2008. Será la junta directiva nacional la que concederá rango oficial a la designación, que supone la segunda oportunidad para el líder de los populares de competir por La Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero después de haber fracasado en su primer intento, en 2004. El máximo órgano entre congresos del PP cumple así con el mismo requisito que formalizó hace ahora cuatro años cuando dio su aval al sucesor propuesto por José María Aznar. Aquel 2 de septiembre de 2003, Rajoy pidió votación secreta del cónclave popular para imprimir la legitimidad de los votos a un nombramiento decidido personalmente por quien entonces era líder indiscutible del partido. La votación arrojó un resultado inequívoco pues 503 dirigentes apoyaron la propuesta, mientras que sólo uno optó por depositar en la urna una papeleta en blanco. Al candidato se le consideraba en el PP persona pacífica y sin enemigos, cualidades que pesaron en el ánimo de su mentor a la hora de resolver a su favor la controvertida sucesión, al considerar que era la persona más indicada para mantener unida la familia popular. A su capacidad como gestor, demostrada en las dos legislaturas de gobierno del PP, se unía un profundo conocimiento de los entresijos del partido que manejó con habilidad durante muchos años como secretario de Organización. Un político sin enemigos Su condición de político sin detractores internos fue destacada por el propio Rajoy en el primer discurso que mantuvo ante la dirección de su partido, designado ya como sucesor. En aras de empezar con buen pie y asegurarse la sintonía con todos los sectores, familias y tendencias, en aquel momento, hizo tabla rasa de cualquier desencuentro del pasado. «Cuento con todos; nunca he tenido un problema con nadie y si lo he tenido no me acuerdo y estoy seguro de que él tampoco», les dijo a sus directivos. Inesperado fracaso en el 2004 El inesperado fracaso electoral del PP y los avatares de más de tres años de oposición han puesto a prueba el temple del político gallego que se fijó como objetivo prioritario de este proceloso trayecto salvaguardar la paz interna que recibió en herencia. Ahora, cuando se acerca el momento crucial en el que, para muchos, Rajoy agotará su único y último cartucho, arrecian las olas en el mar de fondo del partido opositor, que amenaza con salir a flote en vísperas electorales agrandando la sombra de su sucesión. En pleno temporal, el líder de los populares volvió a hacer gala de su capacidad de encaje y una voluntad conciliadora a prueba de bomba cuando hizo balance de su gestión el pasado miércoles, en la reunión del grupo parlamentario del Congreso. «Llevo tres años aguantando presiones, pero no tengo ningún muerto en el armario», confesó a sus diputados y les pidió manos libres para hacer las listas y la campaña electoral.