El líder popular responde a sus críticos que no cambiará de posición ni de ideas, sino sólo de procedimientos
Rajoy revalida el liderazgo con el 84,2% de los votos, pero sufre 409 en blanco
El «voto de castigo» es el más alto de la historia del PP y abre serias dudas sobre la aireada unidad
Mariano Rajoy revalidó este sábado su liderazgo al recibir el apoyo de 2.187 compromisarios en el Congreso del PP, lo que supone un porcentaje del 84,24%. Los votos en blanco fueron 409, por lo que este voto de castigo alcanzó un porcentaje del 15,76%, el más alto de la historia de los cónclaves populares. Éste fue el punto final a la segunda jornada del congreso, en la que de nuevo José María Aznar fue de nuevo protagonista, al ausentarse de la sala cuando Rajoy defendió su candidatura. El líder popular no se quedó atrás en su indiferencia y ni siquiera mencionó a su predecesor cuando repartió agradecimientos con especial dedicación a Ángel Acebes y los dirigentes del País Vasco. La actitud de ambos líderes no era sino el reflejo de las profundas discrepancias que separan a las distintas almas del partido. Muy consciente de que la división anida en sus filas, el candidato pidió a los compromisarios un voto «generoso» para que las urnas le concedieran la autoridad del respaldo mayoritario y arrojaran la imagen de un partido unido. «He procurado presentar una candidatura de todos y para todos», explicó, e intentó cerrar las heridas abiertas en los meses previos al congreso, a las que restó importancia y enmarcó en la normalidad de las tensiones propias de las circunstancias. «No tengo enemigos ni adversarios, todos somos compañeros», aseguró, y prometió «trabajar sin descanso» para que el PP permanezca unido. Rajoy aprovechó su larguísimo discurso para replicar a todas las críticas que ha recibido de sus adversarios internos en los últimos meses. «No vamos a renunciar a ninguno de nuestros principios», prometió, y negó el abandono de los planteamientos tradicionales del PP del que ha sido acusado. No obstante, admitió que, tras la derrota electoral, «tenemos que cambiar, pero no de ideas, sino de procedimientos». Rechazó los prejuicios, el sectarismo y el «catecismo doctrinario», pero declaró que eso no significa «tibieza o relativismo», como le echaron en cara los aguirristas . «Quiero que el PP sea un punto de encuentro y no un club exclusivo», apuntó tras defender el pluralismo y la necesaria ampliación del partido a todos los sectores de la sociedad. Dijo que se propone «hacer las mismas cosas, pero mejor», y añadió que su pretensión es captar más votantes potenciales para el PP con una comunicación más esmerada y la ampliación y diversificación del abanico de asuntos sobre los que fijará la atención de su política de oposición.