La comarca cuenta con monumentos naturales, una rica arquitectura tradicional y arqueología astur y romana
La Cabrera quiere potenciar el turismo rural con la etnografía y sus paisajes
El turismo es la asignatura pendiente de La Cabrera. La comarca no ha logrado poner en valor y convertir en un recurso económico «sus impresionantes valles», sus dos lagos de origen glaciar, Truchillas y La Baña, y un rico patrimonio arqueológico y etnográfico, especialmente notable en su arquitectura vernácula. La recuperación de los conjuntos de Villar del Monte, en La Cabrera Alta, y Forna y Ambasguas en La Cabrera Baja, son algunas de las escasas iniciativas llevadas a cabo para salvar la arquitectura popular cabreiresa. Los dos lagos son monumentos naturales y forman parte del catálogo de bienes de interés cultural de la provincia. Corporales cuenta con un castro de origen astur, que espera su declaración como BIC desde los años 80. La comarca conserva una red de 124 kilómetros de canales o carriles romanos que conducían el agua hasta la explotación aurífera de Las Médulas. Algunos de los tramos más espectaculares se pueden ver en Llamas de Cabrera. «Queremos continuar con el plan de restauraciones en Villar del Monte, pero para ello necesitamos apoyo de la Junta y la Diputación», señala el alcalde de Truchas, Francisco Simón, que también quiere aprovechar los recursos ambientales para ofrecer atractivos turísticos en el municipio. Una de las iniciativas más inmediatas es la recuperación de sendas y caminos tradicionales entre los pueblos del municipio, los 13 que componen La Cabrera Alta con un presupuesto de 63.000 euros. También han invertido recientemente 150.000 euros en el acondicionamiento de un área de recreo en las inmediaciones del Lago de Truchillas y está pendiente una inversión de 200.000 euros del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino para la recuperación de la zona alta del río Eria. «Tenemos que apostar por el turismo porque la pizarra parece que ha tocado techo, al menos por el momento», asegura Francisco Simón. La única pizarrera de La Cabrera Alta en activo, Pizarras Mahide, acaba de presentar un expediente de regulación de empleo que afecta a la totalidad de su plantilla, 49 trabajadores. «Faltan infraestructuras e iniciativa privada, quizá porque hasta ahora el pleno empleo que ha proporcionado la pizarra no ha hecho mirar a otras alternativas», admite el presidente del grupo de acción local Montañas del Teleno, Ramiro Arredondas, quien subraya que así como en Maragatería se han aprovechado los programas Leader para impulsar las infraestructuras turísticas «en La Cabrera ha fracasado». La Cabrera Alta carece casi por completo de oferta hostelera, salvo varias casas rurales para alojamiento. No hay restaurantes ni un mesón donde sirvan comidas. En La Cabrera Baja hay varios centros de turismo rural (Forna, Odollo, Pombriego), algún hotel y bares y restaurantes en Quintanilla de Losada, Encinedo y La Baña, principalmente. Encinedo tiene el atractivo del Museo de La Cabrera, pero apenas existen otros servicios complementarios como rutas guiadas. «Si fracasa la pizarra, no tenemos otra cosa», añade el alcalde de Encinedo, José Manuel Moro, para quien la explotación de los recursos turísticos es uno de los compromisos de su primer mandato en este ayuntamiento de La Cabrera Baja. «Ante la situación económica que se avecina tenemos que encontrar alternativas más eficaces y para ello necesitamos ayuda de la Junta de Castilla y León y de la Diputación», agrega. Las empresas pizarreras de esta zona de La Cabrera no se han planteado por ahora hacer recortes de personal -suman más de dos millares de empleos- pero han suprimido las horas extraordinarias para compensar el descenso de ventas y el aumento de gastos en la extracción pizarrera.