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El silencio de la tripulación «En momentos de gran sufrimiento» La única azafata superviviente deja claro que su intención es no volver a volar

En contra de lo que pudiera creerse, quien alertó a los servicios de emergencia para activar el dispositivo no fue el personal de Barajas, sino las llamadas de dos ciudadanos particulares

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César Calvar JOSÉ MARÍA VÁZQUEZ ÁLVAREZ * - madrid efe | madrid

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Los expertos de la comisión investigadora designada por el Ministerio de Fomento, entretanto, tienen ya en su poder el informe de la torre de control del aeropuerto de Barajas y un dato es muy revelador: la tripulación del vuelo JK5022 de Spanair no comunicó ninguna incidencia técnica ni de otro tipo a los controladores de la torre antes de iniciar el carreteo hasta la pista de despegue para el segundo intento, ni tampoco una vez el aparato levantó el vuelo. Es decir, el piloto y el copiloto no habían detectado nada anormal antes de iniciar el vuelo. Todo estaba ok. La comisión, junto a los técnicos de diversos países que colaboran en las pesquisas, también ha dado por finalizado el rastreo de la pista de despegue y de la zona en que impactó el aparato de Spanair tras la inspección exhaustiva de ese terreno que hicieron el jueves. Los expertos mantuvieron asimismo una reunión con la Agencia Estatal de Meteorología, de la que concluyeron que no hubo ninguna incidencia climática, como un golpe de viento, que desestabilizara el avión. Los técnicos han empezado además el examen de las piezas del aparato, en especial las del motor izquierdo, en el que se encierran, según las primeras hipótesis, los secretos de la catástrofe. En este sentido, un vídeo de Aena que muestra que el MD82 apuró al máximo la pista de despegue sin que viera ningún estallido de la turbina de propulsión izquierda sembró las dudas sobre las causas del accidente, pues la impresión generalizada entre los técnicos es que el fallo se produjo en el motor, desde el que salieron despedidas piezas que dañaron el timón de la nave. «Que no se viera fuego antes de despegar no quiere decir nada», explicaron fuentes próximas a la investigación. Una apreciación similar a la del experto de Aena y dirigente de CC.OO. Nacho Knör, quien señaló que, aunque no se observen llamas, es posible que el motor en cuestión «se gripase» y que algún fragmento saliera despedido hacia la cola de la nave. La grabación del despegue es, sin embargo, un argumento explicativo de peso para algunos. Así lo cree, al menos, el presidente de Canarias, Paulino Rivero, quien tras entrevistarse en La Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero, explicó que el jefe del Ejecutivo sí había visto la cinta y le había contado que se comprueba que el piloto «apuró al máximo la pista» y no se elevó lo suficiente. Las pesquisas también han arrojado luz sobre lo que sucedió en los primeros momentos. En contra de lo que pudiera creerse, quien alertó a los servicios de emergencia no fue el personal de seguridad de Barajas, sino dos ciudadanos particulares. El 112 recibió la primera llamada a las 14:25 horas y 34 segundos, y avisó de la caída de un avión cerca de la carretera radial R-2, pero una segunda llamada, a las 14:25 horas y 43 segundos, fue más precisa e informó de que un avión se había estrellado en Barajas. A partir de ahí, según explicó el consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, se activó el plan de emergencia. SOY PILOTO de Spanair desde hace veinte años, acumulo unas 18.000 horas de vuelo y, al igual que Antonio y Francisco Javier, dedico todos mis esfuerzos para que nuestros pasajeros, los mismos que depositan su confianza en nosotros en cada vuelo, vuelen sintiéndose seguros. Sin embargo, hace dos días, nuestros caminos se separaron para siempre. Ellos se quedaron al final de pista 36L de Barajas y yo me ofrecí para traer a los familiares de sus pasajeros desde Gran Canaria hasta Madrid en un vuelo especial fletado por Spanair. Durante la tarde del miércoles, la aviación española escribió una de sus páginas más tristes. Desde el Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas hemos acogido con enorme consternación y dolor una tragedia que ha conmocionado a la opinión pública internacional y, muy directamente, a quienes amamos y vivimos de esta profesión. Es en este trance cuando resulta más importante que nunca transmitir un mensaje de apoyo y solidaridad con quienes directa o indirectamente han sido víctimas de tan amarga tragedia. Al mismo tiempo, quisiera agradecer, en nombre de todo el colectivo, el ingente esfuerzo realizado por el dispositivo de emergencia que acudió al lugar de la tragedia y las numerosas muestras de condolencia recibidas de todos los agentes sociales y políticos, desde diferentes puntos del planeta. Como piloto veterano, me preocupa que, en medio del caos y la ansiedad, salte por los aires aquello que desde hace años venimos demandado desde las instituciones de pilotos: la cautela y el necesario respeto a las labor de los expertos que trabajan en la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de la Aviación Civil, dependiente de Fomento. Quienes trabajamos para mantener y reforzar los estándares de seguridad de nuestra aviación somos conscientes de lo que se avecina habitualmente tras este tipo de tragedias: los próximos días, comenzará una guerra sin cuartel para intentar explotar la vertiente más morbosa del accidente. El gobierno no controla, la compañía no invierte en mantenimiento, el piloto se equivocó, el avión era americano, el aeropuerto de Barajas es peligroso... Al igual que sucedió tras los atentados del 11M, aquí también todas las hipótesis benefician o perjudican a alguna parte y, por tanto, asistiremos a una gran representación teatral en la que, posiblemente, lo que menos importe sea la seguridad. La experiencia me dice que cada palabra y cada silencio recogidos en la caja negra serán utilizados para ocultar responsabilidades ajenas, obviando que el auténtico fin de la investigación de siniestros aéreos no es la criminalización de un sector o de un grupo profesional, sino la forma de mejorar el transporte aéreo para que siga siendo el medio de locomoción más seguro del mundo. Puede que poco o nada importe el enorme esfuerzo de transparencia en pos de la verdad que estamos realizando desde las organizaciones de ámbito aeronáutico. Desde SEPLA hemos puesto a disposición del Ministerio de Fomento a nuestro departamento técnico con el fin de agilizar las pesquisas y aclarar todos aquellos factores que puedan contribuir a saber con certeza qué causas produjeron el accidente. Por el contrario, mucho me temo que tan solo tendremos las últimas palabras de Antonio y de Francisco Javier para ofrecérselas a una sociedad que demanda explicaciones rápidas, fáciles, en medio de tanto dolor. Las compañías aéreas viven en crisis porque se ven obligadas a vender billetes a precios irrisorios. Los pilotos vivimos presionados por las urgencias comerciales y las autoridades necesitan controlar a las aerolíneas, pero sin llegar a ahogarlas. Y todos necesitamos un culpable y una causa rápidamente digerible para tranquilizar nuestras conciencias ante esta aviación absurda a precio de saldo en la que vivimos. Quizás lo más sencillo sea conjeturar, en busca de explicaciones grandilocuentes. Cualquier cosa, antes que cuestionar el sistema. Si optamos por ese camino, nos estaremos equivocando, una vez más. *José María Vázquez Álvarez es piloto de Spanair y presidente del Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (Sepla). Antonia Martínez Jiménez, una de las azafatas del vuelo JK5022 de la compañía Spanair siniestrado ayer en Barajas, está ingresada en el Hospital de La Princesa, «consciente, con ánimo y alegría», y «sin ganas de volver a volar». En declaraciones a los periodistas, su padre, Dionisio Martínez, ha explicado que «tiene un alegrón» porque su hija, Antonia, es probablemente la única persona de la tripulación que ha sobrevivido a esta tragedia Según el último parte médico facilitado por el hospital a las dos de la tarde de ayer, Antonia Martínez presenta «un pronóstico grave reservado» y quemaduras faciales. Su padre ha explicado que Antonia ha estado consciente desde el jueves, cuando les llamó desde la ambulancia que la llevaba al hospital con una vértebra y el esternón rotos y un codo fracturado. Emocionado, Dionisio ha explicado que Antonia es de Úbeda (Jaén) pero reside en la localidad barcelonesa de Castelldefels. Diez tripulantes Los diez tripulantes de Spanair que iban en el avión el miércoles eran cuatro hombres y seis mujeres, de los que sólo Antonia Martínez Jiménez ha sobrevivido. Los demás tripulantes eran el comandante Antonio García Luna, el segundo Francisco Javier Mulet Pujol, la sobrecargo Lourdes Romero Flórez, el comandante José Fernández Vázquez y los auxiliares de vuelo Sonsoles Lorenzo Simarro, Sonia Rodríguez del Castillo, Susana Marín Ramos, Raquel Pérez Sánchez y Gabriel Guerrero Durán, según han confirmado fuentes de Spanair.

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