Reportaje | ana gaitero
Dependencia post mortem
Una mujer en estado vegetativo fue evaluada como si pudiera decidir al no figurar esta situación en la aplicación informática. La Junta corrige el error tras su muerte
Después de muerta, la leonesa Jacinta Rodríguez ha resultado ser un poco más dependiente de lo que inicialmente dictaminó la Gerencia de Servicios Sociales: ha pasado de tener 82 a 87 puntos a la hora de evaluar la ayuda que precisaba para la vida diaria.
El aumento de la puntuación se debe a que a Jacinta le aplicaron el baremo general y no el específico de toma de decisiones pese a que, como sostuvieron sus hijos en el recurso, «se encuentra en estado vegetativo y con alimentación por sonda nasogástrica, por lo tanto carece de autonomía física y psíquica hasta tal grado que necesita el apoyo indispensable y continuo de otras personas».
Tras recibir el recurso, la Gerencia de Servicios Sociales solicitó al equipo técnico que «se asegurara de que esta persona podía comunicarse y tenía capacidad para comprender y tomar iniciativa en el desempeño de las tareas, de lo contrario habría que valorar la actividad tomar decisiones y aplicar el baremo específico».
Vacío informático. El problema se produjo al grabar los datos del informe en la aplicación informática. El estado de la mujer no coincidía con ninguna de las circunstancias contempladas en esta aplicación (enfermedad mental, trastorno mental, trastornos grabes del comportamiento) y nadie tuvo en cuenta que en el informe de salud se advertía: «No procede» a la hora de cumplimentar el índice minimental.
La aplicación no contemplaba la situación específica de las personas que, como ella, se encontraran en estado vegetativo a la hora de ser valoradas. El 3 de agosto de 2007, cuando se realizó el dictamen, la aplicación que había diseñado la Junta no permitía valorar los problemas en el desempeño de la escala DI/EM, ni generaba la hoja toma de decisiones, por lo que tampoco se podía cumplimentar», se excusó el equipo técnico.
Para resolver el entuerto, cuando la dependiente había muerto, la Junta emitió un nuevo dictamen tras consultar al Imserso. «A una persona en estado vegetativo, al tener un grave compromiso de conciencia de manera permanente, se le aplicará el baremo específico», les contestó el organismo estatal.
El 6 de marzo de 2009, un año y un mes después de que se presentara el recurso, a la mujer, que había fallecido en septiembre del 2008, le puntuaron de nuevo las tareas mal valoradas para emitir otro dictamen técnico.
Pero la Junta sólo estimó parcialmente el recurso. La Gerencia de Servicios Sociales deja claro que «con independencia de la valoración de las demás actividades nunca podrá alcanzar la puntuación necesaria, al menos 90 puntos, para calificar su situación de dependencia en Grado III nivel2», que era la pretensión de sus descendientes.
La sonda puntúa menos. Una sonda, la que garantizaba que Jacinta, pudiera alimentarse en los últimos meses de su vida, es la culpable de que su grado de dependencia sea inferior. Según el baremo que se aplica a las personas en situación de dependencia, cuando una persona es alimentada por sonda «no son aplicables el resto de tareas de la actividad de comer y beber». Se presupone que quienes se alimentan por sonda necesitan de menos ayuda que aquellas personas que no han perdido totalmente la función de comer.
«Eso es mucho suponer», opina su hijo, León Rodríguez. «Por el hecho de tener una sonda nasogástrica, no quiere decir que no precise cuidados para alimentarse, el trabajo puede ser el mismo o mayor», agrega.
La familia de Jacinta no comprende este requisito de la baremación que, en su opinión, debería ser revisado después de dos años de aplicación de la ley de la dependencia.
Además, aún espera una respuesta de la oficina del Procurador del Común a la queja presentada por la evaluación de su madre. «En el momento en que tengamos noticias (de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades), nos pondremos de nuevo en contacto con usted», han recibido como única explicación por tres veces consecutivas. «La misma carta, tres veces», lamentan.