Una estrella carcelaria

La cárcel del Paseo del Parque tiene una estructura radial que permitía el control de los penados desde su centro

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a. gaitero
León

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La cárcel del Paseo del Parque nació vieja. Su estructura radial, módulos en forma de brazos estrellados, responde al modelo de cárcel que se implantó en Filadelfia a principios del siglo XIX. Tras diez años cerrada, penados con trabajos en beneficio de la comunidad acaban de quitarle el polvo acumulado.

n Diez años después de su clausura la arquitectura radial de la cárcel, vieja ahora por derecho, se contempla a vista de pájaro desde los edificios que ocuparon los últimos terrenos libres del Parque.

El centro de inserción social Jesús Haddad Blanco», abierto de 2005, tapa su fachada principal de cien metros de longitud, aunque algo se atisba del viejo penal desde el solar contiguo. Allí siguen las torres de vigilancia, como si hubiera presos que custodiar.

El recinto penitenciario ocupa una parcela rectangular que en su día tuvo 5.000 metros cuadrados incluida la superficie de las viviendas del personal, derribadas para construir el CIS. Dos cuerpos rectangulares flanquean la entrada al recinto penal propiamente dicho: los cinco brazos radiales, que se controlaban desde el «centro», tal era el nombre con el que se conocía a la garita circular en la que estaba el personal de vigilancia en el mismo centro de la estrella.

La cárcel del Paseo del Parque tuvo una vida efímera. Se estrenó el 11 de mayo de 1965 y quedó clausurada en 1999, tras finalizar el traslado de los internos a la prisión de Mansilla de las Mulas iniciado el año anterior e inaugurarse oficialmente la nueva prisión el día 28 de junio. Poco más de tres décadas de vida.

Aunque el proyecto se había iniciado en 1948, hay que esperar hasta 1960 para que empiece su construcción. Un leonés que trabajó de «listero» en aquella obra recuerda que dio trabajo a más de un centenar de obreros durante casi cinco años.

Construida para 190 personas, acabó albergando prácticamente el doble. Algo que no era nada excepcional en la época. En las celdas llegó a haber una litera y una cama para albergar a tres personas en momentos puntuales. Heredera de las cárceles módelo de Filadelfia en su estructura, la prisión de León se convirtió con el tiempo en una de las más «avanzadas» al poner en marcha talleres laborales remunerados que apaciguaban las tensiones acumuladas.

Sin duda mucha influencia tuvo en esta filosofía la experiencia que tuvo la cárcel con penados con trastornos psíquicos y mentales. En una memoria de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias de 1975 en la que aparece una clasificación de centros penitenciarios, esta prisión figura como «centro especial para débiles mentales y analfabetos».

Fue en 1973 cuando se habilitó un departamento para internos psiquiátricos y otro para mujeres, tal y como aparece recogido en la documentación oficial. «Cuando en 1989 se inauguró el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Sevilla, todas las personas con discapacidad que había en León, se trasladaron allí, momento a partir del cual dejó de ser centro especial», señala Instituciones Penitenciarias.

La creación de los talleres surgió como una forma de abordar el tratamiento con las personas enfermas que estuvieron presas en este centro durante aquellos años. El panel donde se colocaban las herramientas sobre la silueta dibujada permanece como un recuerdo de aquella época. Los comedores con sillas y mesas ancladas en el suelo, las celdas, las puertas de hierro con mirilla enrejada, el viejo economato y los brazos de la estrella carcelaria, con sus dos plantas de celdas, todavía estremecen como espacio de privación de libertad.

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La vieja estructura carcelaria tuvo que servirse del espacio de algunos patios para poner en marcha aquel proyecto de empleo en la cárcel que la convirtió en un modelo de tratamiento. Un modelo en el que, hasta no cabía el vis a vis y las salas de comunicaciones separaban al preso de su familia o amigos con un cristal impenetrable. Sólo abogados y jueces podían «tocar» al penado.