El escritor francés Mathias Enard publica un nuevo libro, «Remontando el Orinoco»

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Paco Soto
León

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Los seres humanos buscan verdades que den sentido a su vida y quieren saber de dónde vienen y a dónde van. Esta realidad intrínseca a la condición humana la desgrana el escritor francés Mathias Enard con suma precisión en su última novela, Remontando el Orinoco ( Editorial Belacqua), la historia del triángulo amoroso formado por Yuri, Ignacio y Clara. En un verano parisino abrasador y un hospital en plena decadencia, los cirujanos y amigos Ignacio y Yuri buscan una verdad que justifique su existencia. Yuri, que se entrega al alcohol y la locura, opera bajo la atenta mirada de Clara, la joven enfermera que Ignacio desea. Los dos amigos obligarán a Clara a abandonar el hospital y emprender la huida, y la joven iniciará un largo viaje que la llevará a Venezuela. Para Clara, remontar el gran río Orinoco significará la oportunidad de recomponer su deshilachada vida y la de sus dos compañeros. Mathias Enard, que vive en Barcelona desde hace siete años tras una década en Oriente Próximo, explica que la novela «puede interpretarse de muchas maneras, pero es sobre todo une reflexión sobre el viaje a ninguna parte que hacemos los seres humanos. Sabemos de dónde salimos pero no sabemos cuál es nuestro destino. Por eso, en el libro, Clara remonta el Orinoco desde la desembocadura hasta el nacimiento del río. Hace el viaje al revés». El escritor francés considera que «la vida puede considerarse un círculo, pero no lo es; es una línea recta que se repite una y otra vez a través de las generaciones». Mathias Enard señala que «toda novela es una mentira», y en Remontando el Orinoco, « el lector tiene que encontrar la forma de que la historia cuadre, si no le gusta mi versión». Para el autor de La perfección del tiro, su segunda novela «no acaba de una forma redonda, muy bonita, porque es un libro equívoco, en el sentido de que cada lector lo interpretará en función de sus propias convicciones». Y esto es así, porque, a su juicio, «no existen verdades absolutas y definitivas».

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