SOTO DEL VICARIO | SAN CLEMENTE

Mencía en esencia y por respeto

Tradición y modernidad, respeto al medio, preservación del viñedo y una inequívoca apuesta por la tipicidad y la identidad de la mencía. Esos son los principios que guían la presencia en el Bierzo de la manchega Pago del Vicario, aquí bajo la razón social Pago de San Clemente.

Aspecto del viñedo de Soto del Vicario,con la bodega entre los cerezos y, al fondo, San Clemente.

Publicado por
Rafael Blanco
León

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Está ubicada precisamente en San Clemente, al otro lado del Cúa visto desde Cacabelos y sin duda alguna uno de los entornos más bellos de la viña berciana. Los hermanos Antonio e Ignacio Barco crearon en el año 2000 lo que hoy es Pago del Vicario, un proyecto que va más allá de la vitivinicultura. Ubicada la bodega a nueve kilómetros de Ciudad Real, entre las estribaciones de los Montes de Toledo y el río Guadiana, dispone de 130 hectáreas de viñedo y elabora unas 200.000 botellas de vinos singulares. Fuera de la denominación de origen de la demarcación territorial y a punto de conseguir la específica del pago, la sociedad de los Barco, desde el horizonte del enoturismo, explota en el mismo escenario el ocio, el deporte y la restauración al ofertar, como complemento del vino, senderismo, caza, golf y un hotel con spa y alta escuela de restauración. La idea era trasladar el modelo al Bierzo. Y en esas se está mientras se desarrolla otro proyecto en Almería y a la espera de que cambie el escenario económico general.

El trabajo en el Bierzo fue mucho más laborioso. Para reunir las 35 hectáreras de propiedad, de las que 23 son viñedo, fue necesario firmar la compra de 190 pequeñas viñas en torno a una plantación en espaldera de siete hectáreas y media. Ese cepaje, viejo en su mayoría y en el que se mezclan mencía, godello, doña blanca, palomino y malvasía, deja espacio para dos grandes sotos adornadas por especies autóctonas como roble, encina, madroño, cerezo, manzano y, sobre todo, castaño. La identificación y verificación de cada una de esas pequeñas viñas por tipo de suelo, orientación, exposición al sol y estado del cepaje como consecuencia del tipo de viticultura practicado por los anteriores propietarios ha supuesto un trabajo tan ingente como minucioso, pero que ha permitido a la bodega saber exactamente de qué dispone, qué procedimientos le conviene aplicar y qué puede llegar a hacer a partir de esa uva.

Soto del Vicario venía elaborando dos vinos: un blanco que inicialmente fue bivarietal y que ahora es 100% godello -sobre lías también pero ahora ya en barricas de 500 litros- y un tinto de mencía con doce meses de crianza. Esos Go (11.200 botellas; 16,00 euros en tienda) y Men se ven complementados desde esta semana en la carta de la bodega por un segundo crianza de vendimia seleccionada. El Men Selección (9.000 botellas; 16,00 euros) añeja la excelencia a partir de la vendimia de las mejores cepas de La Cabarca identificadas y controladas. También se vinifica por separado con doña blanca y se elabora un dulce de mencía sin más pretensión que profundizar en el conocimiento de su potencial y explorar sus posibilidades en los dos casos y en el segundo para dar sabor a visitas puntuales a la bodega y consumo interno. Y sobre todo se sigue trabajando mucho en la viña -ya se hizo un ensayo de vendimia manual nocturna incluso en cepas en vaso- desde un planteamiento pedagógico y de absoluto respeto al medio, a la cepa y a la variedad como patrimonio que ha de ser legado a otras generaciones. Es una actitud que honra a la bodega, por supuesto, porque no sólo lo consiente sino que lo estimula, pero que sobre todo pone en su sitio a quien, como Sandra Luque, la joven enóloga responsable de todo el proceso, lo asume y lo tiene como empeño personal.

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