camino llamazares, cinco semanas en guatemala

«Cada día para recordar»

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León

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Cuando tú eliges esa opción pesa más la experiencia que vives que el trabajo que desarrollas». Así recuerda Camino Llamazares porqué decidió realizar un viaje con Cooperatur. Fue mucho más que unas vacaciones. Esta leonesa tiene 38 años y es licenciada en Administración y Dirección de Empresas. Optó por Guatemala, la ciudad de La Antigua. Allí se fue cinco semanas. «Me atraía mucho África, pero quizás, para ser mi primer voluntariado, no era la mejor opción; conocer el idioma y tener una cultura muy similar ayudan mucho a la hora de tomar la decisión», recuerda. Un país «desconocido» en el que desempeñaría un proyecto educativo asesorada por Cooperatour.

La define como una experiencia espléndida y única. «La organización te busca el alojamiento y te da la dirección del proyecto; la aventura comienza con la preparación del viaje, la familia te advierte de los peligros, los amigos te dicen que si te has vuelto loca… pero creo que es la falta de información lo que lleva a pensar así», señala al tiempo que recalca que convivió con una familia encantadora en Antigua, las comidas eran riquísimas y el trato muy respetuoso. Durante su estancia allí, Camino cogía un «chicken bus», para llegar a San Mateo Milpas Altas, un pueblo de montaña a 15 minutos de la Antigua, dónde se desarrolla el proyecto Prodesenh. Un matrimonio guatemalteco se encarga de acoger a 50 niños de entre 4 y 12 años y darles clases de apoyo y entretenimiento evitando así que estén por las calles. «La dedicación es absoluta y nosotros somos una pequeña ayuda», añade. Allí realizaba todo tipo de actividades, lectura, manualidades, taller de cocina, deporte, clases de inglés, canciones, cálculo... El tiempo se pasaba volando y destaca el cariño con el que fue acogida por los niños. A lo largo de ese tiempo coincidió con una australiana, un inglés, un americano y una pareja de canadienses, además de los cuatro españoles más. Entre tanto aún daba tiempo para conocer la zona.

Camino Llamazares no duda en asegurar que son muchas las diferencias de este tipo de viajes con el turismo convencional. «En primer lugar, la preparación es distinta, la gente que conoces es de otra manera y te traes un montón de vivencias, anécdotas, un cuerpo recargado de emociones, sentimientos y armonía», esgrime.

No tiene nada que ver, resalta, con el turismo convencional, dónde vas a descansar y dónde todo está más o menos organizado. «Esto lo vives más intensamente y te puedo decir que todos los días pasaba algo digno de recordar», indica.

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Esta leonesa no había participado antes en acciones de voluntariado, aunque colaboraba con alguna organización benéfica. Algo que ha cambiado desde su regreso ya que se ha hecho voluntaria para ayudar en lo que pueda. De aquel viaje, hoy le queda la nostalgia y los amigos, la alegría con la que vivía, con la que hacía las cosas y con la que disfrutaba cada momento. «Cada momento era una felicidad constante», dice. Ya piensa en los siguientes destinos: África o la India.