UNA RUTA INSÓLITA
La pons ferrata de leyenda
Pasear por el casco antiguo habiendo escuchado la historia de la revelación del Cristo de la Leyenda Judía, contemplar el cuadro que en San Pedro da cuenta del milagro del Santísimo Sacramento, recordar la legendaria historia de los caballeros del Temple entre los muros de su castillo o imaginar a la mora exótica que habitó en la cueva que lleva su nombre. Es posible visitar Ponferrada de una forma diferente, hacerlo a través de lo que la tradición oral cuenta de ella
La torre del Reloj, en Ponferrada
Desde tiempos inmemorables, la historia de Ponferrada —antes Pons Ferrata— está salpicada de leyendas, tradiciones y antiguos relatos populares principalmente vinculados a la figura de los nobles caballeros de la Orden del Temple. El Castillo es, desde luego, referencia constante en la mayoría de ellos. Historia y leyenda se entrelazan entre los muros de esta fortaleza —basando ese nexo de unión en la obra del escritor Gil y Carrasco— y dan forma a un sinfín de relatos sobre la existencia de los templarios y la custodia de las efigies de la cristiandad, el Grial y al Arca de la Alianza.
La relación entre espacio y leyenda es aquí más que atractiva para explotar a nivel turístico, pero no es la única. La antigua cárcel, ahora Museo del Bierzo; la misteriosa Cueva de la Mora, la Fuente del Azufre, la iglesia de San Pedro, el convento de clausura de la calle del Reloj, el polígono de las Huertas y, por supuesto, la Basílica de la Encina esconden tras de sí mitos, milagros y creencias populares que bien merece la pena rescatar en una visita diferente a Ponferrada. Un recorrido por la leyenda más revelador, si cabe, en horas de poca luz.
Partiendo del Castillo, a cuya existencia está también ligada la de la patrona del Bierzo —dice la leyenda que fue un templario quien la encontró, allá por el 1200, en el tronco de una encina y al golpear el árbol con el hacha escuchó un sonoro lamento del Niño— la Cueva de la Mora es el primer lugar de referencia. Una mina subterránea para aprovisionar de agua a la fortaleza sobre la que se cuentan dos historias. Una dice que ésta es la entrada a un túnel secreto que comunica con el Castillo de Cornatel. La otra, que en ella habitaba una mora, que en el imaginario popular era una mujer musulmana envuelta en un halo exótico que acuñaba consigo diversos tesoros.
Caminando hacia al casco antiguo, la calle del Reloj es punto de partida. También ella tiene historia, más allá de la tangible. Desde el niño judío al que se le reveló el Santo Cristo de la Leyenda Judía que se conserva en el convento de clausura, a otra bien diferente y escabrosa, relacionada con el ‘sacamantecas’ del Noroeste, autor de múltiples asesinatos. Entre sus proveedores se encontraba una tienda sita en las inmediaciones de la actual Cámara de Comercio.
En la iglesia de San Pedro se conserva hoy día una pintura que da cuenta del milagro del Santísimo Sacramento. Según éste, en el polígono de las Huertas, cerca del colegio Peñalba, donde antes hubo una ermita, aparecieron el cáliz y las hostias previamente robadas en San Pedro. Fue un grupo de palomas y una intensa luz las que delataron su presencia y derivaron en el encausamiento del ladrón. La Fuente del Azufre fue otro espacio venerado por las propiedades curativas de sus aguas, al igual que el cuerno del alicor, una animal fabuloso presente en la tradición oral del Valle del Silencio capaz de desemponzoñar el agua infectada.