CAPRICHO

Divertido, Jovial... y sensual

«Es caprichoso porque sigue sus procesos de elaboración de forma natural y voluntaria, sin imposiciones. Y sale al mercado cuando le da la gana». El ‘Capricho Val de Paxariñas’ es un godello diferente y diferenciador. Un gran vino de largo recorrido.

Publicado por
RAFAEL BLANCO
León

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Es divertido, jovial... y sensual». Advierte Ginés Fernández que el tercer adjetivo que califica su godello más impulsivo no es propio, pero acepta esa aportación —que es femenina y singular— como muy ajustada a criterio. El hombre y el nombre que estampa su firma en la etiqueta de dos de los más aclamados godellos que se elaboran en el Bierzo admite a pecho descubierto que nunca —hasta el año 2000— se planteó hacer un blanco: «Me convenció un enólogo de Rueda. Dirigió por teléfono el proceso hasta la fermentación y a partir de ese momento ya me hice cargo. El resultado fue espectacular y desde entonces hemos seguido el protocolo para hacer un vino distinto, ni mejor ni peor, a lo que hay en el mercado». «Un proceso cautivo y muy meticuloso», explica Ginés, «en el que hay que respetar los tiempos que la uva impone, pero siempre bajo estricto control técnico». La base de elaboración es una vendimia de gran potencial de algunos de los mejores cepajes del Godello berciano, más de seis hectáreas en Lamas de Picón y Vilerín, dos parajes privilegiados del viñedo comarcal. «La clave está en tocar lo mínimo posible la materia prima y hacer una elaboración marcada por el capricho del vino. A partir de esa calidad y de una idea de vinificación muy prisionera de esos caprichos, que determinan el proceso y los tiempos, lo que se consigue es una vida larga para el vino, que puede dar lo mejor incluso cinco años después». El resultado de esas imposiciones que se abren con una limitación de rendimiento de la cepa de 3.600 litros por hectárea —viñas viejas, patrones muy definidos y una cultura vitivinícola heredada y eternamente respetada— es un blanco con personalidad distinta y distintiva que se asienta sobre todas las bases que lo sustentan como un gran vino: mucho volumen en boca, largo recorrido y potencia.

Desde esa conquista, Ginés Fernández, de quien se intuye que sabe más por lo que calla por lo que habla —y se expresa a borbotones—, tiene el pleno convencimiento de la importancia de «dirigir la bodega desde la viña, y no al revés». «Hay que dignificar el campo y ser exigente y respetuoso con el viticultor y su trabajo», defiende solidario y justo. Y afirma reflexivo: «Si cuidas la viña no te imaginas lo que puede llegar a darte...».

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