molinaseca
tradición jacobea
Villa de ascendencia hospitalera que recibe honestamente al peregrino que en su camino atraviesa el puente romano sobre el Meruelo.
El Puente de los Peregrinos, uno de los emblemas de la villa, se refleja en las aguas del río que atraviesa Molina.
Mo linaseca debe su nombre a la existencia de varios molinos sobre el río Meruelo y al adjetivo «siccum», ya que dichos molinos se enfrentaban temporalmente a épocas de sequía como consecuencia de las modificaciones en el cauce. Así pues, su historia está irremediablemente ligada al río que la atraviesa, que aún hoy es parte fundamental de la villa. En sus aguas echó raíces el puente de planta romana que se ha convertido en uno de los emblemas de Molina y que recibe el nombre de Puente de los Peregrinos, puesto que es paso obligado dentro del Camino de Santiago. Sus aguas cristalinas han dado forma también a una playa fluvial ideal para refrescar los pies tras una larga caminata, disfrutar del sol del verano o simplemente relajarse escuchando el sonido del río. El Meruelo es, además, un río de gran tradición truchera.
Molinaseca es, por encima de todo, una villa con gran tradición jacobea. Lugar insigne dentro del Camino de Santiago, su apoyo y apego a esta ruta están en el origen de la amistad forjada con diversas localidad de Japón. Amistad convertida en hermanamiento del que hay varias huellas a lo largo de la villa, entre otras, la estatua de un Buda esculpida en un nogal vivo por el maestro Ogita, símbolo de las buenas relaciones existentes con los representantes de otra ruta de peregrinación, la de los 88 Templos de Shikoku.
Si el Puente de los Peregrinos es uno de los puntos destacados dentro de su ruta patrimonial, no menos importante es la Iglesia de San Nicolás de Bari, de factura neoclásica, datada del siglo XVII; o el Santuario de Nuestra Señora de las Angustias, de origen barroco pero posteriormente reformado, en el que resaltan sus retablos churriguerescos, un gran tabernáculo del siglo XVIII y su extraordinaria Piedad de mediados del siglo XVII.
La arquitectura popular es uno de los rasgos más reseñables de Molina, que rezuma belleza por los cuatro costados. Un ejemplo es la calle Real, caracterizada por construcciones de piedra, tejados de pizarra y balconadas de madera.
Por último, pero no por ello menos importante, Molina también ofrece diversas opciones de turismo deportivo. La ruta de senderismo de las Puentes de Malpaso, que atraviesa dos puentes de origen romano, es un ejemplo.