De viaje a

corullón

Pulmón agrícola del Bierzo y mirador a cuyos pies se despliega, majestuosa, la comarca que lo alberga, Corullón es un municipio rico en patrimonio natural y arquitectónico. Varias iglesias románicas, el Castillo de los Marqueses de Villafranca, un convento franciscano y vestigios de la explotación de wólfram son sólo parte de su esencia, ahora mismo con aroma de flor de cerezo El potencial de Corullón está en sus propias entrañas, en su tierra fértil explotable no sólo desde un punto de vista agroalimentario, sino también turístico. El vino es sólo un ejemplo.

dl / l. de la mata

Ponferrada

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C on cada inicio de primavera, Corullón se viste de largo, del blanco inmaculado de la flor del cerezo, que también le sirve de perfume. Ahora mismo, en plena floración, es este su principal polo de atracción, por lo efímero de la belleza que el momento imprime a su paisaje. Pero no es el vestido de gala con el que asoma la primavera el único recurso de un municipio rico en paisaje y entorno natural, en patrimonio y, por supuesto, rico desde un punto de vista agrícola. La tierra de Corullón es fértil, regada por el río Burbia e idónea para cualquier cultivo. Viñas, castaños o cerezos conviven en armonía con la huerta berciana y crean un marco idílico para cada una de las joyas patrimoniales enraizadas en su territorio. Las iglesias románicas de San Esteban (1083) y San Miguel (siglo XII), el omnipresente Castillo de los Marqueses de Villafranca (siglo XV), el Convento Cabeza de Alba (1423), en el que sobresale el torreón del homenaje; o los vestigios que aún hoy quedan en pie del antiguo poblado minero ligado a las explotaciones de wolframio de la Peña del Seo son sólo algunos ejemplos de ello.

Dragonte, Cadafresnas, Hornija, Melezna, Horta, Viariz y Villagroy se unen a la cabecera municipal para dar forma al municipio que atesora uno de los principales balcones del Bierzo. Desde el Mirador de Corullón, la comarca luce esplendorosa si el día es claro. Es esta una de las visitas obligadas, como obligada es también la subida a Dragonte, que posee varias fuentes de agua cristalina (Fuente del Rey, El Corgo, La Fontiña, Valquente) y la venerada iglesia del Carmen, en cuya puerta principal llama la atención su rosetón.

Un patrimonio religioso e industrial que ha permitido vertebrar una serie de rutas. Una de ellas comienza en Cadafresnas y recorre cinco kilómetros hasta el poblado de La Piela, donde sigue en pie el esqueleto de las antiguas viviendas, el economato, la cantina y la escuela que fueron núcleo poblacional durante la explotación del wólfram. Desde aquí y tras dos kilómetros de ascensión se llega, precisamente, a las bocaminas. Un recorrido por la historia en cuya promoción el Ayuntamiento ha puesto empeño. No en vano, su objetivo a medio plazo es organizar visitas a las propias galerías.

La Ruta al convento franciscano Cabeza de Alba, por un camino sin asfaltar entre castaños centenarios y dejando atrás las ruinas de la ermita donde se hacían ofrendas, es otra de las opciones. Tan buena como la Ruta de los Mazos, que pasa por Hornija y sigue los pasos de quienes décadas atrás hacían dicho recorrido para amoldar la ropa de lana en el batán ubicado donde termina el paseo.

Hay patrimonio arquitectónico en Corullón y sobra patrimonio natural. Las viñas son un buen ejemplo de ello, al que el Ayuntamiento también saca partido con rutas monográficas realizadas durante la temporada de vendimia. De sus entrañas sale la uva con la que se elabora vino de gran calidad y en su territorio ha echado raíces una de las familias más destacadas del sector vitivinícola nacional. Descendientes de J. Palacios se encuentra ahora mismo en pleno proceso de construcción de su nueva bodega, diseñada por el reconocido arquitecto Rafael Moneo y que pasará a ser uno de los principales polos de atracción —integrados en las rutas entre cerezos o viñedos— una vez entre en funcionamiento. La previsión —explicó el alcalde de Corullón, Luis Alberto Arias— es que esté rematada el 31 de diciembre de este mismo año.

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Un pueblo que huele a cerezo y a uva, que es balcón al Bierzo, que sabe a lo mejor de la huerta berciana y conserva auténticas joyas patrimoniales. Eso es Corullón.