La recomendación de... SArah Aller Fernández, periodista

Entre huertas y un molino

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León

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Todos los pueblos esconden pequeños tesoros y no hay que escaparse lejos para encontrar rincones con encanto. Uno de esos lugares apetecibles, donde pasear sigue siendo un ritual que debería hacerse sin reloj, es un sendero de huertas a escasos cinco kilómetros de León.

Si abandonamos la carretera principal de Carbajal de la Legua y nos dirigimos al colegio de la localidad, localizaremos fácil esta bucólica ruta, con choperas de fondo que anuncian el discurrir del Bernesga paralelo al pueblo.

Siguiendo la senda que se abre a mano izquierda, recorreremos las huertas familiares del Carbajal pueblo, el que vive de cara al río, a los prados y las eras, y de espaldas al urbanismo imparable que tanto ha cambiado su fisonomía en las últimas décadas. Calabazas, tomateras, fresones y patatales se entremezclan con bancales de girasoles, petunias, rosales y gladiolos. Un ‘patchwork’ de colores y olores que recuerdan al Carbajal de antaño, cuando los caminos del Bernesga sólo los ocupaban prados, huertos y cuadras que invitaban a paseos a caballo.

Muy cerca de allí se esconde otro de esos rincones bellos que merece la pena conocer en una escapada a tan sólo 10 minutos de la ciudad. Si uno se sitúa al final del pueblo y cruza los campos de fútbol, los pasos se perderán entre las choperas que flanquean la localidad.

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Allí, en la vieja carretera que une Carbajal y Pobladura, nos encontramos con una de esas pequeñas joyas que nos dejó la presa del Bernesga. Lo llaman el molino de Marceliano y no hay nadie que no repose en su barandilla cuando se topa con su imponente fachada por primera vez. El rumor del agua, la pradera que se abre a sus espaldas, el frescor de la arboleda que lo protege… Un lugar precioso y mágico que os invito a descubrir.