El mencía compartido

No son vinos de una única parcela y tan personales como los ‘Ultreia’, sino de zonas compartidas en las que los parajes definen el perfil de godellos y mencías de distintos elaboradores unidos por la identidad y la inquietud..

Raúl Pérez Pereira, en la bodega de Valtuille de Abajo, junto a algunas de las grandes tinas de barro que uliliza en la vinificación. B. FERNÁNDEZ

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RAFAEL BLANCO
León

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De Raúl Pérez Pereira sobra cualquier presentación que no sea la que se destila de sus vinos. El bodeguero que universalizó la mencía berciana y que en 2016 fue elegido mejor enólogo del mundo por la prestigiosa revista Betanne+Desseave —en 2014 lo había sido para Der Feinschmecker — trabaja en diferentes zonas del noroeste peninsular (Bierzo, Ribeira Sacra, Monterrei, Rías Baixas, Portugal, Cantabria y Tierra de León), pero también en Ávila, Albacete, Alicante, Sudáfrica... No hay horizontes vitícolas ni variedades de uva que pongan límite a su desbordante capacidad de creación enológica. Y siempre tiene proyectos pendientes, ahora dos en concreto: uno muy localizado al sur de Ponferrada y otro más universal y más libre de ataduras. El que precede a ambos es La Vizcaína, una referencia con la que rinde homenaje a la memoria de su padre y que, nacido en 2011, va muy por delante de una idea que se está generalizando —la llamada zonificación— y que el propio consejo regulador de la Denominación de Origen Bierzo intenta ahora regular a partir del cambio normativo que idea.

Si con los Ultreia explora la interpretación más personal del vino a partir de muy limitadas producciones de parcelas concretas y muy singulares, rarezas incluidas, con los cinco vinos de La Vizcaína lo que persigue el genial enólogo de Valtuille de Abajo es poner en valor zonas vitícolas más amplias, trabajadas por varios elaboradores y viticultores que comparten la misma inquietud y de los que cabe suponer una buena práctica, la máxima responsabilidad, altos objetivos de calidad y respeto. «Debemos ser conscientes de lo que tenemos entre manos, autocontrolar la producción y evitar el fraude, porque no puede haber un mecanismo de control, una regulación específica certificada más allá de la voluntad de tener acceso abierto para los demás a lo que uno hace», explica. «Se trata de alcanzar algo grande desde un planteamiento solidario que perpetúe lo que cada uno hace, lo que hacemos de manera compartida», añade. «Vamos más allá de la idea de elaborar vino en Valtuille de Abajo y lo que eso supone... Se trata de generalizar el concepto de zona extrapolando la idea de La Vizcaína: viñedo compartido e interpretación personal del vino bajo una misma identidad de origen».

La extensión del viñedo, con cepas de entre sesenta y cien años en la mayor parte de él, la diversidad de composiciones de suelos, altitudes y orientaciones convierten a Valtuille de Abajo en el paraíso del vino berciano: «Un paso más en la conquista de la pureza y la identidad —reflexiona Pérez Pereira— sería reconocer otras variedades de uva que han estado siempre aquí y que tienen un gran valor, bajo la idea de que no se le quite al vino nada de lo hay en la viña».

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