De viaje a
murias de paredes
El Camino de Santiago, el viejo Camino, deja en estos lares también su particular huella. Huella que tenía en Fasgar un digno final de etapa y que hoy vuelven a recorrer los peregrinos Tanto su arquitectura popular como cada uno de sus rincones naturales convierten este municipio en uno de los lugares más emblemáticos de la montaña oriental leonesa
La arquitectura religiosa, civil y popular de toda la zona, con sus empedrados, es uno de los símbolos de la zona.
T anto Murias como el resto de localidades que integran el municipio —hasta 15— presumen de entorno natural y construcciones dignas de ser contempladas con sosiego, en una visita siempre apetecible sea cual sea la época del año. Sus numerosas iglesias, puentes, fuentes o casas blasonadas se han convertido en ejemplos de arquitectura, escultura, pintura o simplemente decoración religiosa, civil o popular de toda la zona. La población, como ocurre en otros tantos pueblos de la provincia, ha visto reducido el número de vecinos —en algunos casos de forma drástica— hasta albergar a apenas seis personas, como ocurre en Fasgar. Número por cierto que se multiplica cuando el verano llama a su puerta. No es raro que el oro blanco cubra tejados, calles y accesos, aunque este año con más vehemencia.
El Camino de Santiago, el viejo Camino, deja en estos lares también su particular huella. Huella que tenía en Fasgar un digno final de etapa. «Esta ruta alternativa que de un tiempo para acá ya siguen numerosos peregrinos está hoy marcada, pero necesitamos que las instituciones nos apoyen para mejorar la señalización», pedía un vecino hace pocos meses.
Hay en el municipio de Murias de Paredes escalas que debieran ser ‘de obligado cumplimiento’ para el turista. La ruta del valle de Campo de Santiago —en Fasgar— el valle que sube al Tambarón en Montrondo, el valle de Fasgarón —en Murias—, el valle que sube al Nevadín —en Vivero—, la subida al Alto de la Cañada —en Villabandín—, el valle de Sabugo o el valle Pequeño en Villanueva de Omaña, entre muchas otras. Pero hay más, mucho más. Otra ‘estación’ donde los turistas deberían detenerse un rato es en La casona de Murias de Paredes, Centro de Interpretación de la Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna.
Y luego, como ya relató Susana Vergara, está el agua de esta tierra. Agua por todas partes, agua que lo inunda todo, agua en cascadas y barrancos por los que precipitarse cuando llega el estío, agua en los viejos lavaderos, en los prados, en las montañas y en los pueblos, en las fuentes y los abrevaderos, en los saltos que se precipitan hacia el fondo del valle. Agua que sencillamente trae vida y la deja a su paso.
Situado en plena montaña oriental leonesa, Murias de Paredes se antoja como uno de los mejores lugares para alejarse del mundanal ruido. De hecho allí lo que se escucha fácilmente es el silencio. Silencio que se interrumpe apenas en alguna de las casas rurales y restaurantes o en los pequeños corrillos que se forman a la puerta de una casa.