De viaje a

vega de espinareda

Ser puerta de acceso a la Reserva de la Biosfera de Los Ancares es su mejor carta de presentación, pero Vega es además un territorio rico en patrimonio heredado de celtas, romanos e, incluso, del Neolítico tardío. Suyas son las pintura rupestres y el castro de Peña Piñera, el monasterio de San Andrés y el puente romano; y suyo es también un entorno natural idílico con pueblos como Burbia, en el reino del Cuiña

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Ponferrada

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S on muchos los motivos que hacen de Vega de Espinareda el lugar perfecto para perderse uno, dos o los días que el visitante quiera dejarse llevar. Naturaleza, patrimonio, ocio y gastronomía se dan la mano en un municipio que es la puerta de entrada a la Reserva de la Biosfera de Los Ancares Leoneses, con todo lo que ello significa; un territorio sembrado de importantes valores patrimoniales y atravesado por el Cúa, uno de los ríos de mayor valor hidrográfico de la cuenca Miño-Sil.

Pero esto es sólo el principio de una historia repleta de valores que llevan también al pasado neolítico y la era romana y que, desde luego, se asientan en un presente moderno de infraestructuras y servicios que hacen más cómoda la vida de sus vecinos y más fácil la visita de quienes llegan de fuera. Vega es, además, territorio de pulpo. Hasta El Espino peregrinan los 1 y 15 de cada mes quienes quieren disfrutar de una de las tradiciones gastronómicas más arraigadas del Bierzo, tan intrínseca como el propio botillo.

Del Monasterio de San Andrés y su Fuente de la Vida, a las pinturas rupestres de Peña Piñera, el pueblo de Burbia, el puente romano que atraviesa el Cúa o las playas fluviales de la cabecera municipal y de San Martín de Moreda. Todo es turísticamente aprovechable en un municipio también de gran interés etnográfico, en donde un simple paseo permite contemplar de cerca el porqué de la belleza de la arquitectura prototípica del Bierzo, de piedra y madera, con tejados de losa, y también los vestigios de aquella época en la que las techumbres se tejían con paja.

El puente romano, fechado entre los siglos I y II, es una de las señas de identidad de Vega, una de las imágenes más repetidas en los folletos promocionales y es que bien merece tal reconocimiento. Da fe de la presencia romana en el Bierzo, de los tiempos en los que el gran imperio se decidió a explotar el oro de la comarca. Más tardío es, desde luego, el complejo monástico de San Andrés, originario del siglo X pero que ha llegado hasta el presente con la apariencia que le dieron las remodelaciones a las que fue sometido en los siglos XVII y XVIII. Anexa al monasterio está la Fuente de la Vida. De ella dice la leyenda que si bebes siete veces de sus caños de bronce tendrás salud toda la vida.

Pero no es esta la única fuente. Las de la Barranca, Fulgueira, Cecilia, El Moscón, La Pinguela, Localla, el Tramazón, Santa Marina y Espinareda, entre otras, están repartidas también por todos los pueblos del municipio, dispuestas a calmar la sed de quienes a ellas se acerquen en Bustarga, Penoselo, Villar de Otero, Espinareda de Vega, Moreda, San Martín de Moreda, Burbia, El Espino, San Pedro de Olleros, Valle de Finolledo, Vega y Sésamo. Un pueblo, este último, que conserva además uno de los tesoros del municipio: Peña Piñera. Es una de las pocas estaciones de arte rupestre que han llegado hasta nuestros en el Bierzo, un conjunto de figuras esquemáticas con formas humanas, animales y geométricas, fundamentales en tonos ocre, que es visita obligada para quienes se acerquen a este pequeño pueblo custodiado por El Salvador y también San Roque, que da nombre a su ermita.

No hay nada más disfrutable en las fechas venideras que las playas fluviales y en Vega hay más de una. El lugar perfecto para hacer un alto en el camino y refrescarse o, simplemente, disfrutar sentado de la corriente del río. La de Vega de Espinareda es una de las más grandes el Bierzo y también una de las más concurridas cuando el calor aprieta. Áreas recreativas, parques y merenderos son parte también del entramado de instalaciones pensadas para disfrutar al aire libre en un municipio que destaca, precisamente, por la grandeza de su paisaje.

Un entorno natural de primer nivel ideal para la práctica de deportes de naturaleza y aventura, y también destino perfecto para quienes gusten contemplar la biodiversidad en el reino del pico Cuiña que, con sus 1.987 metros, es el más alto de la Sierra de Los Ancares. Uno de los puntos para iniciar el ascenso al Cuiña es el pueblo de Burbia, atravesado por el río del mismo nombre y envuelto en sotos de castaños centenarios y montañas de incuestionable belleza, idónea para sortear a pie o en bicicleta. Rutas hay tantas como el caminante desee, pero entre las más destacadas de las que parten de Burbia se pueden mencionar la que va al Mustallar y atraviesa los lagos de Villouso, que pueden ser también destino final; la que llega hasta Campo del Agua y la ruta hasta el Cuerno Maldito.

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Vega de Espinareda es todo esto y mucho más.