Vino, pasión e historias
Cada vino tiene una historia que contar y ésta sólo es entendible si ese vino se hace desde el amor por la viña y la pasión por la labor enológica y el más absoluto respeto en la bodega. Julio Crespo nació como proyecto bajo esa idea. Y en ella se mantiene 15 años después..
Aspecto de una de las tres parcelas que suman 50 hectáreas de viñedo en el marco de una gran dehesa de casi 400. BYV JCA
Al pie del Camino de Santiago, en la zona vitivinícola más oriental de León y acunado en el suave y permanente susurro del río Valderaduey nació en 2002 uno de los proyectos vitivinícolas más cabales y ambiciosos de la provincia. En el marco incomparable de una dehesa de 400 hectáreas de extensión dividida por el cauce que vierte al Duero, casi 50 fueron plantadas de viñedo entre ese año —Prieto Picudo (24), Mencía (14) y Tempranillo (9)— y 2010 —Albarín (3)— a unos 870 metros de altitud sobre suelos aluviales de origen fluvial formados por gravas redondas, arena, arcillas y limos pardos y grises. Son suelos calientes con buen drenaje y de textura franca, con tendencia limosa y, en algunas zonas de la finca, muy ricos en arcilla en profundidad, lo que garantiza frescura y humedad durante todo el año.
Sobre ese enclave vitivinícola histórico y tradicional y bajo la idea de un cultivo sustentado en tres pilares esenciales —cuidado del suelo con cubierta vegetal espontánea, nutrición de las plantas con abonos naturales y gestión integrada de plagas y enfermedades por medios no residuales— se planteó la elaboración de vinos tintos con personalidad y singulares, inicialmente sobre todo a partir de Prieto Picudo y, más tarde, de la también autóctona Albarín. El proyecto, extraordinariamente racional y generoso en inversión e ilusión, conjuga la idea de la práctica enológica tradicional con la más avanzada tecnología para obtener vinos de máxima calidad y alta expresión, con el horizonte puesto en vinificaciones de finca a partir de muy buena uva y de variedades extraordinariamente singulares. Vinos, en fin, que hablan del origen —en la madurez y sobre todo en la diversidad de las parcelas Sastra, Majuelón y Bodega está también la riqueza—, de las condiciones —con los Picos de Europa como fondo de escenario, el clima viene marcado por inviernos húmedos y fríos que dan paso a primaveras fugaces y veranos cálidos y secos, con otoños lluviosos y largos—, del entorno —humedad y abundancia de nieblas, con frescura tamizada por las choperas a uno y otro lado del río— y que transmiten una idea apasionada de la labor en el campo y en la bodega bajo la responsabilidad de Luis Aguado en ambos casos y la dirección técnica y el mejor criterio profesional de José Carlos Álvarez como el enólogo que finalmente ha puesto orden y mucho criterio en una gama generosa en monovarietales tintos, con un blanco y un rosado... distintos.