Con sabor de vendimia

Prolonga en la copa, en la nariz y en la boca los aromas y sabores —y también los recuerdos— de la vendimia y es un adelanto de lo que serán los tintos 2017. El mensaje es... fantástico..

Publicado por
B. Fernández
León

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EEl nuevo vino llega mañana al Palacio de Canedo vestido del otoño nostálgico y evocador de las hojas de castaño —de roble el año pasado y de las de los otros árboles del bosque didáctico de la Fundación de Prada a Tope en los sucesivos—, pero con la frescura, los aromas y la calidez de la primavera. Otoño y primavera se fusionarán, pues, en la Fiesta del Vino Nuevo a la que José Luis Prada convoca en su casa —la de todos— puntualmente cada segundo fin de semana de noviembre. Y ya van 28.

No hay otoño sin que antes hubiera primavera. No lo hay en el Bierzo sin esa paleta de pintor que es la naturaleza y en la que los rojos y ocres de la viña y el bosque roban protagonismo a los verdes y amarillos que se apagan tras el verano... Y no lo hay sin la explosión de los erizos del castaño, el aroma íntimo y cálido del magosto y el sabor fresco del vino nuevo...

No hay desde hace un tiempo para acá otro maceración carbónica en el Bierzo, pero no es sólo ese argumento el que avala y confiere al vino del Palacio de Canedo cierto carácter de exclusividad. Ni tampoco la elocuente mezcla de enología e inquietud medioambiental que refleja la etiqueta y que está en el ADN de la casa y, más visiblemente, en las prácticas y el laboreo en la viña —un gran jardín de una belleza incomparable y de un orden casi imposible—, y en el respeto casi obsesivo del entorno.

Suele decir José Manuel Ferreira, el enólogo de la bodega, que el maceración es el mensajero de la cosecha, un emisario de los tintos de la añada, que será distinta por madrugadora, como consecuencia del fuerte calor de primavera y la sequía del verano, aunque sin embargo en este caso no se vio afectada por las heladas de abril que causaron estragos en las viñas a menor altitud y las granizadas posteriores. Esa maduración precipitada —la vendimia se inició el 14 de agosto y la uva para el maceración se recogió a partir del 21— pero también homogénea posibilitó una alta concentración de azúcares y un buen control de la graduación alcohólica. Todo ello unido al bajo rendimiento y a una buena relación entre líquido y peso —bayas pequeñas con mucha piel— se concretó en una fruta ideal para el encubado con todo el raspón y la vinificación a partir de una buena extracción de color y aromas típicos con la uva sin romper. La fermentación que siguió al sangrado, ya en ausencia de raspón y hollejos, posibilitó una alta intensidad aromática y frutal para un vino fresco, que explota en el paladar, de alta expresión varietal, intenso, punzante y largo en boca. Un tinto casi insultantemente joven que sigue la línea de los últimos maceraciones, aunque más contenido en alcohol, mucho más ligero y agradecido por al margen de reposo que concedió la vendimia.

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