Regreso a la cueva

El vino de cueva como nuevo concepto comercial bajo la idea del regreso al pasado en los criterios de elaboración toma forma en el proyecto Belote. Ori- gen, tradición, identidad y honestidad..

Emilio Viejo y su hijo Alberto, con sus socios Chenco Valbuena y Nacho Morejón, en el viñedo que la bodega tiene en Mayorga. A. VIEJO

Publicado por
B. Fernández
León

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L as cuevas como elementos de referencia de la arquitectura tradicional y popular forman parte del paisaje de Roales de Campos desde hace más de quinientos años. Excavadas a pico y pala en laderas sobre las características ondulaciones del terreno, eran —son— un escenario ideal para la elaboración de vinos. El ambiente estable y la temperatura prácticamente constante durante todo el año que las convierten en entornos ideales para el envejecimiento y la conservación.

Esa convicción y la creencia de que la elaboración tradicional de vinos es un legado de enorme valor cultural que no debe perderse unió inicialmente en el empeño a Emilio Viejo, que impone sabiduría y criterio en la viña y en la bodega, y su hijo Alberto, que asume modestamente el papel de «aprendiz», y posteriormente a Chenco Valbuena y Nacho Morejón. A esas convicciones suman otras proclamas. Una: «Trabajamos con una filosofía no intervencionista, orientada a la recuperación del entorno». Dos: «Elaboramos vinos de pueblo de manera tradicional y sin intervención, como lo hacían nuestros abuelos, cuando la tecnología era un abismo». Tres: «Buscamos el origen como factor imborrable y apostamos por las variedades locales, por lo que la tierra da y el reconocimiento al origen de donde venimos». Y cuatro: «Somos conscientes del valor del suelo, del microbioma que habla de ese valor y de la esencia de nuestro terruño».

Dos hectáreas de viñedo propio, todo Prieto Picudo, ubicado en Mayorga de Campos son la base sobre la que en 2012 se hizo la primera vinificación, una vez recuperados en la cueva, donde llegaron a elaborarse 50.000 litros de vinos al año, viejos depósitos de hormigón construidos en 1944. Dos años más tarde la bodega se adscribió a la Denominación de Origen Tierra de León y más tarde generalizó su conocimiento a través de las redes sociales y la peculiar iniciativa de Un vino para toda la vida , cuyo objetivo era vincular al comprador al proyecto mediante la participación en su financiación con una aportación de 150 euros que garantiza la entrega de un magnum del vino de referencia de la bodega durante diez años.

Aunque la sociedad va «paso a paso» en las inversiones, la idea compartida es la de unir cuatro cuevas por conductos subterráneos —dos ya lo están— para ganar espacio para la crianza y la conservación y levantar una pequeña nave frente a ellas para la elaboración. Y es o sin renunciar a otro objetivo: «Vincular en el empeño a más vecinos de Roales y recuperar en viejo espíritu del vino y la cultura de la bodega» como elementos característicos e identitarios que no deben perderse. Y convertir esa actividad en la base de un programa enoturístico que genere actividad y recupere la vida del pueblo.

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