Mencía... y honestidad
Hay virtudes en el vino berciano más allá de las que expresa la Mencía. Si la excelencia de la uva se enriquece con una buena elaboración y se le añade una dosis de honestidad es difícil que se le pueda pedir más.
PV
E l sexto vino en la carta de elaboraciones de la bodega tiene nombre propio: el de la finca de la que nace. El Valao, que en realidad es el apellido que sigue a la referencia comercial general de la casa, Pago de Valdoneje , avanza en la senda marcada por su predecesor Cabanelas y, al igual que éste aunque en otro perfil enológico, es una delicadeza que no viene sino a demostrar la clarividencia de criterios en el campo y en la bodega, la alta escuela elaboradora de quienes también los desarrollan en esta faceta y, por supuesto, el extraordinario nivel de calidad que brota de la excelencia del viñedo (estamos hablando, no se olvide, de Valtuille de Abajo), pero también del trabajo bien hecho. Los valdonejes que hoy hay en el mercado —por esa mención genérica los conoce el consumidor con mayor conocimiento y mejor criterio— representan la merecidísima recompensa por la generosa dedicación y el extraordinario esfuerzo desarrollado por los hermanos García Alba, Marcos y Elena, un legado personal con ascendencia en una referencia familiar clave y sobre el que, como en el caso del viñedo, todavía tiene alguna palabra que decir su progenitor, Dimas García. Porque Vinos Valtuille es también —y sobre todo— un paradigma de bodega familiar, artesana y... muy entrañable. Y esos son valores que cotizan al alza en el vino de hoy.
También cotiza al alza la honestidad, y en ese sentido la mejor evidencia de lo que hay es que, pese al abrumador elogio de la crítica internacional de mayor criterio para El Valao (92 puntos Parker) y los otros vinos de una bodega que no renuncia al calificativo de «modesta» (cuatro de los seis están por encima de los 90, con 91 por tercer año consecutivo para el joven mencía), los García Alba defienden que «no se puede abusar del consumidor» y que otra de las claves de su éxito comercial es «mantener una buena relación entre calidad y precio». Reconocen, eso sí, que la enorme repercusión de esa alta puntuación los ha obligado a «dosificar» las ventas por el efecto sobre el mercado, especialmente el internacional. Y es que de la uva de El Valao —90 años, menos de una hectárea, arcilla y canto rodado y orientación poniente—, inicialmente destinada a engrosar las cifras del mencía roble, pero vinificado por separado, con la feliz sorpresa de su extraordinaria calidad tras seis meses en barrica de roble francés —y luego largo reposo en botella—, apenas se elaboraron 2.500 botellas de esa cosecha de 2015. Y sólo habrá otras tantas de la de 2016.