LUGARES FIGURADOS LUIS CARNICERO, arquitecto y poeta Médulas II

La luz en la lucerna

LUIS CARNICERO

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León

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Desde el Mirador de Orellán, bordeando el Pico Placias por el este, se dirigieron al Mirador de las ‘Pedrices’. Tras subir una escalera construida con traviesas, accedieron por una senda mínima, hacia la izquierda, a los túneles excavados en el cortado que exhibe la ladera, hacia Yeres, desde el Campo de Braña. Iluminados por un frontal, observaron lentamente rojas galerías superpuestas, cavidades donde un día colgaron lámparas de aceite, óxidos-dorados de piedras descarnadas, huellas de picos-martillos y cuñas… E imaginaron oscuras siluetas atemorizadas bajo las bóvedas. Cuánto asombro… Al volver a la luz, con el fondo de las cumbres aquilanas cubiertas de nieve, les pareció que salía de la oquedad, volando hacia ellas, un ave blanquísima.

D?escendían cuando vieron acercarse a una mujer vestida de negro, pelo blanco y tez muy tersa, con las manos del color-textura de la vara vieja que portaba: más por compañía.

¿Vienen de allí, verdad? —les dijo, indicando las bocas de la peña— ¿Saben…?, mi abuelo, fabulador y algo poeta, nos contaba que en esas galerías trabajó Borenio Lucio, un joven operario, vate, reclutado en el castro de Paluezas, que gustaba de apartarse en el lago Sumido, que se extasiaba contemplando los caprichos de las rocas explotadas. También nos mostraba orgulloso unas Obras de Gil y Carrasco, publicadas en 1954, por Atlas, donde guardaba unos poemas, que aseguraba eran de aquel hombre y que habían sido traducidos por un antepasado suyo —monje en Carracedo— de un manuscrito en lengua ibérica.

La mujer se sabía algunos versos de memoria: Con la vista dañada, / desterrado en luz negra, / con riadas de agua / acechando en mi espalda, / no entendiendo en mis manos/ la avaricia del oro: / baile de fuego mi alma, / como luz de lucerna.

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Y antes de despedirse, encaminándose al sur, recordó: Mi abuelo decía que la lucerna pulida que llevaba el astur, que medía sus nueve horas de duro trabajo, seguidas, había sido tallada por él mismo, con forma de paloma.