Un vino con alma

Tradición y futuro se unen en un vino con alma. ‘Tres Almas’ mira al pasado para hacer una reinterpre-tación contemporánea de un rosado esencial que explora las enormes posibilidades de la Prieto Picudo.

DL

Publicado por
B. SAHAGÚN
León

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En el sur de la provincia la gente seguía haciendo los vinos como antes: en cubas de roble. Y todavía oía decir que ese vino, que es un prieto picudo de los de toda la vida, está bueno. Entonces yo me preguntaba: ¿si lo hacen ellos, por qué no lo vamos a hacer nosotros?». Tras la elemental y sincera reflexión de Ángel Pélaez —y del éxito por un vino distinto, lo que siempre se conoció y reconoció como un clarete que no ha pasado inadvertido para la crítica y el sector— hay cuatro años de trabajo y de pruebas no satisfactorias hasta alcanzar el nivel que el autor se había exigido antesde ponerlo en el mercado, aunque con una producción exigua de apenas un millar de botellas. Pero de la tentativa queda la fórmula, la definición de los procedimientos y la feliz certeza de que se puede llegar mucho más allá en la explotación de las extraordinarias posibilidades enológicas de la variedad autóctona por excelencia.

Porque ese Tres Almas es, efectivamente, un vino como los que se elaboraban en grandes bocoyes en las cuevas de los pueblos del sur de la provincia. Fermentado en barricas de 500 litros —de roble francés de tostado suave para evitar que la madera le reste protagonismo a las cualidades de la uva—, es el resultado del peculiar y ancestral proceso del madreado aplicado a una elaboración tradicional ajustada al perfil de los nuevos consumidores. La adición al mosto yema de un 10% del volumen de racimos enteros para provocar una doble fermentación, la segunda en el interior de la uva, genera un finísimo carbónico natural que traspasa la piel de la baya y confiera el vino frescura y estructura. Y delicadeza... en un doble sentido, ya que obliga a un tratamiento muy cuidado para evitar la pérdida de esas burbujas que luego resultan tan agradables en la boca.

El Tres Almas , para cuya vinificación se reserva habitualmente la mejor uva del Teso la Cruz, dos hectáreas de cepaje ubicadas en Audanzas del Valle y compuestas a partir de un puzzle de pequeñas viñas, es un rosado extrordinariamente aromático, con volumen y redondez en la boca, buena estructura y un punto de acidez que acentúa esa frescura que se busca en este tipo de elaboraciones.

Un vino, en fin, que supone una conquista en el aspecto enológico, que marca un camino a seguir para los rosados de alta calidad de esta zona de producción y que viene ser, además, un justo reconocimiento a vitivinicultores de generaciones procedentes. Y un agradecimiento por un legado cultural e histórico de enorme valor.

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