De viaje a
Toral de los guzmanes
Presume de custodiar en su histórico palacio la colección de botijos más extensa del mundo. Más de 3.000 piezas que le han valido el récord Guiness y que hacen del pueblo un destino único, donde además se puede disfrutar de su buena gastronomía, de sus gentes y de un paseo por toda España a través de las vitrinas que guardan este curioso legado
jesús f. salvadores/marciano pérez
Las visitas al Museo del Botijo incluyen un paseo por el Palacio de los Guzmanes, un auténtica joya en sí misma que data del siglo XIII, un edificio de planta prácticamente rectangular por el que pasaron los Reyes Católicos. Destaca su patio central y, especialmente, su magnífico salón de plenos ubicado en la torre noreste, la que mejor se conserva en su estado original.
L as bicis ya esperan apoyadas en cualquier pared o banco. La historia callejea por Toral de los Guzmanes y los vecinos e hijos del pueblo, que en estas fechas vuelven a casa, disfrutan de un verano que hace que el pueblo gane en bullicio y recupere vitalidad. Un jolgorio que animará a pasar el invierno y que sigue proyectando futuro. Un porvenir que la localidad liga a su imponente colección de botijos. La más grande del mundo. Un dato incluso avalado por el récord Guiness, y que tiene en Toral un museo digno para curiosos, investigadores, y para todos aquellos que quieran bucear en la historia a través de estas singulares piezas.
El Museo del Botijo es uno de los grandes desconocidos con una colección que entró a formar parte del Libro Guiness de los Récords en el año 1997 con 2.000 piezas, ya entonces la más extensa, y hoy ampliada a cerca de 3.000. Motivos suficientes por los que el Ayuntamiento ha querido darle un nuevo impulso estableciendo un horario de visitas permanente.
La colección es propiedad del riojano Jesús Gil Gibernau que se la cedió al Ayuntamiento de forma desinteresada para crear el museo. En la muestra están representadas, en mayor o menor medida, todas las provincias de España, con sus múltiples peculiaridades que se ven reflejadas en los distintos colores, formas, tamaño y decoración. La originalidad de cada artista alfarero, su funcionalidad, estética y otros variados factores muestran piezas muy distintas como los botijos trampa, del cura, nevera, novia, de pozo, antropomorfos... Todo ello perfectamente colocado en vidrieras de cristal para su conservación.
Las visitas incluyen un paseo por el Palacio de los Guzmanes, un auténtica joya en sí mismo del siglo XIII, un edificio de planta prácticamente rectangular por el que pasaron los Reyes Católicos. Destaca su patio central y, especialmente, su magnífico salón de plenos ubicado en la torre noreste, la que mejor se conserva en su estado original. Allí se esconde un curioso cuadro que recrea, precisamente, la entrada en la villa de los monarcas Isabel y Fernando, pintado a partir de pigmentos naturales por el artista americano Gregory, del que nunca más supo, tomando como modelos a los propios vecinos del pueblo.
Un pueblo con un rico pasado que se ha recogido en un museo etnográfico. Una colección que en breve abrirá de nuevo como custodio del legado de Toral. Los antiguos oficios y formas de vida convivirán con los vecinos de una localidad eminentemente agrícola y ganadera. El origen de este museo estuvo en todo este material que poco a poco fue donado por los lugareños y estaba almacenado desde hacía tiempo en dependencias municipales. El museo arrancó con un millar de piezas que se han ido incrementando. Está ubicado en el mismo Palacio de los Guzmanes, un edificio señorial que custodia buenas dosis de historia y tradición, y que ahora también abrazará la nueva etapa de la colección.
Toral es un lugar para conocer y dejarse sorprender. Un sitio con arte y con muchos secretos por descubrir. Una escapada singular para estos días de verano.