LUGARES FIGURADOS

Alma entre lagos y vados

LUIS CARNICERO / Arquitecto y poeta

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León

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Desde Cebolledo, en San Isidro, dejando atrás la balsa-estanque artificial, ibas hacia lagos-leyenda —cielo y suelo helados— sintiendo certezas-vida y tu figura reflejadas, contenidas-detenidas por el frío. Ascendías: a un lado, las cumbres —pensamientos alzados— con el sol asomando-acariciando huellas-perfiles del circo-glaciación; al otro, abalaustrando precipicios, las escobas.

Al llegar al Lago Ausente, su superficie-fondo era un microcosmos custodiando la blancura, con el aire penetrado por agujas. Se juntaban los caminos de la tierra y de la nube. Parecían deslizarse, sembradoras, las cimas del Ausente y del Requejines. Se presentía la llegada de la nieve. Y viviste ese momento en que, antes de ser espacio-ternura, el Silencio se funde con la Luz y ambos descienden blandos-blancos y sumisos.

Sintiendo que eras alma-creación continuaste caminando entre valles modelados y morrenas con cristales, por la sierra de Sentiles —ladeado tobogán-desprendimiento— mustios los brezos y los piornos, cruzando Vega Fonda, llegando al Lago Isoba.

Borrado el celaje, en lejanía, una esfera nívea-pura —tallada por los caprichos de las nieblas— venía rodando desde el Pico de San Justo para detenerse sobre el Pozo de la Leña, en la solana. Con su imagen comenzaste a bordear la Peña hacia los vados. Allí, desprendido de realidades, lo material dejó de ser presencia: en la humildad de lo blanco del espíritu siempre se oyen cantos que indican el lugar donde anida lo divino.

Caminando por Entrevados, entre-?orillas, la cadencia-transparencia del río Isoba aumentó tu andar entre vigilias. Y te detuviste en la belleza-pozo, en praderas y pedreras, y pasaste ante los saltos de agua de los Forfogones, ante lustradas-fervientes sombras, hasta detenerte en el comienzo del Valle del Pinzón, queriendo mimetizarte con imágenes-brote de las cuencas-belleza del alto-Porma.

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Se te olvidó que te esperaban. Ah, ser cauce o calma, voz-vado, lago-memoria, agua errante o detenida, pasión brotada desde el fondo de lo informe; entregarse a la existencia de lo Alto, no buscando trascender, no, sino albergar la mansedumbre de la Nieve, de la Luz, que es causa-emoción gozando del descenso.