Un asunto de familia

Álvarez de Toledo como proyecto vitivinícola enraíza en la profunda tradición relacionada con el cultivo de la viña y una íntima vinculación con el mundo del vino que ahora en su interpretación actual estrecha el círculo de la actividad en torno a la familia Robla-Varela.

Los hermanos Víctor, Javier, Carlos y Nacho Robla Varela se reparten en la bodega y fuera de ella las tareas bajo la dirección de su padre. L. DE LA MATA

Publicado por
B. Fernández
León

Creado:

Actualizado:

Don Luis Varela Álvarez de Toledo, que mantuvo una intensa relación con la viña, es quien establece —a través de Ángeles Varela Monzón y Álvarez de Toledo, gerente de la bodega— la vinculación de quienes hoy gestionan el proyecto vitivinícola con el ilustre apellido villafranquino y con una larga tradición familiar relacionada con el cultivo de la vid y el amor al vino. Esa mirada al pasado es imprescindible para interpretar las claves sobre las que se sustenta emocionalmente la sólida propuesta de futuro que en su día ideó Víctor Robla Carreiras, esposo de la nieta de Sara Álvarez de Toledo y padre de los hermanos Robla Varela, savia nueva para un proyecto ilusionante. «Verlo crecer con ellos» es el anhelo de su mentor, quien apela «al orden, la disciplina y el trabajo» como imposiciones personales para que sea posible. «Eso y respeto a la gente, a los viticultores, a los trabajadores de la bodega y a los distribuidores», añade como condición Robla Carreiras, al frente todavía pero cediendo ya y compartiendo tareas en el desarrollo de la actividad en el Grupo Bodegas, que integra también a Vinos de Arganza y Palacio de Arganza, pero que tiene en Álvarez de Toledo su expresión sin duda más noble y emotiva. No se impone la familia prisas en este empeño que tiene como horizonte la producción de poco más de cien mil botellas y que representa, por calidad de elaboración, el prestigio y el orgullo dentro de la actividad de ese grupo. «Que el mercado tire de nosotros sin que nosotros vayamos empujando», simplifica Robla Carreiras de manera muy precisa y sintetizada y que apela a una finca y su ubicación como elementos esenciales de lo que habrá de ser —es ya— Álvarez de Toledo. La Moura, una vieja viña con cepas de más de cien años situada en las laderas de Villafranca del Bierzo, donde siempre tuvieron sus propiedades los Álvarez de Toledo, y el Camino de Santiago, al que ofrece ciento diez metros de linde —«dignificar su acceso y exposición es una de las tareas pendientes y urgentes de acometer»—, suponen para el proyecto un plus de valor impagable. El aporte de uva que da volumen corre a cargo de viticultores vinculados a los que se controla el estilo de poda, los tratamientos, la producción y el momento óptimo de vendimia para garantizar la máxima calidad de unos vinos muy acreditados por la crítica especializada —Wine Enthusiast , Decanter y Guía Peñín — y muy apreciados por los consumidores.

Cargando contenidos...