Turismo
La Bañeza: la vida es un Carnaval
La Bañeza entra en la antesala de los carnavales, pero lo hace sin dejar de lado el apartado cultural de la celebración. Todo para que la localidad viva una de sus fiestas grandes, si no la más, y para que todos los visitantes que llegan se sientan como en casa. Bienvenidos todos.
El Carnaval bañezano tiene un gran colorido.
La Bañeza es ese punto de la provincia donde la cultura cobra vida. Ningún otro lugar de la geografía leonesa destaca de una forma tan especial por su capacidad para aglutinar el ámbito agroalimentario, el comercio local, las actividades deportivas, el apartado lúdico y la materia cultural.
Lo resume perfectamente el alcalde, Javier Carrera. Trabajador incansable por todos los asuntos bañezanos y responsable en primera persona de las cuestiones municipales, se apresta estos días a vivir ya los carnavales en pleno esplendor, pero también aprovecha el ámbito cultural que emana de la celebración.
Porque La Bañeza es Carnaval, es tradición, es regreso a los orígenes. Es un punto de encuentro con unas costumbres milenarias, que con el tiempo han ido evolucionando para llegar a su base y a su forma de ser actual.
El carnaval actual que conoce La Bañeza tiene origen italiano. Toma sus costumbres de la zona trasalpina. Pero no pierde ese sustrato ancestral y prerromano que se hace acompañar de los diferentes actos que se realizan cada uno de los días. Es especial el Entierro de la Sardina, que marca el cambio de climatología y va poniendo fin al invierno.
La forma de ser de la ciudad y el propio carácter del mercado que le acompaña hacen también grande al carnaval. Tiene su parte de encanto y de antigüedad, pero también se va adaptando al carnaval más moderno relacionado con otras épocas a partir del medievo pero que tiene siempre esa base anterior.
A partir del siglo XIX, hay cambios en el carnaval. Se van conociendo los siguientes personajes que lo han diferenciado del resto de carnavales de la zona. Se instalan una serie de usos y costumbres que ya se convierten en habituales y que las personas que proceden de otras zonas han ido haciendo famoso.
Luego ya están los carnavales de los diferentes puntos del mundo, pero que también han dejado su impronta en la fiesta bañezana. La Noche de Chispas, la Noche Bruja, el Entierro de la Sardina, La Llorona, como cada Carnaval que se celebra... El domingo... son actos que hacen ver el afán de dar espectáculo que se da en las noveles desfiles como los que se celebran el domingo y el martes. Además, no se ha perdido la libertad de antaño.
Es el carnaval de la Bañeza, una explosión de ingenio y de personajes, que se convierte en una catarsis para reírse de uno mismo, incluso para que use aprecie que cuando se acaba el carnaval y se entierra la sardina, se entra ya de lleno ya de la Cuaresma.
Vuelve la localidad al ambiente de los años 20, a los años 30 y los años 40, que le dieron gran esplendor y que hicieron que la sociedad, diferente en aquella época, haya pasado de los bailes tradicionales y populares a los que ahora son más habituales y se convierten en nuevos hábitos. Por ejemplo, los sombreros, los cambios de decorado y la transformación que han ido experimentando todos los elementos de la ropa y el vestido.
Es un carnaval único y diferente, que lo que busca es trasladar la imagen de la ciudad y demostrar que hay ganas de avanzar y de agradar.
Si el Carnaval no existiese, los bañezanos lo inventarían. Lo dejó escrito en negro sobre blanco la periodista Dolores Moral, antigua redactora de Diario de León y razón no le faltó, son los habitantes de la ciudad de La Bañeza los verdaderos protagonistas de una semana llena de sonidos y vestimentas que honran a Don Carnal, y sin ellos, no habría carnaval posible. Aparte del cierto «caos» (nunca mejor entrecomillado) de improvisaciones y remates en los disfraces a última hora, el Ayuntamiento de La Bañeza elabora un programa en el que no faltan las citas obligadas entre otras tantas.
La primera referencia al carnaval, data de 1675 por Antonio Ferreras, sobre ‘El jubileo de las cuarenta horas en los días del carnaval’. En este documento don Luis González, vecino de La Bañeza, hace testamento y expone sus últimas voluntades en diferentes cláusulas. En una de ellas dispone: declaro que dejo 8.000 (ocho mil) reales para que se haga una fundación de las cuarenta horas los días de carnaval en el convento del Carmen Descalzo de esta villa.
Durante el franquismo, debido a la fuerte tradición que existía en la ciudad, los bañezanos se saltaban la prohibición de disfrazarse, corriendo el riesgo de caer detenidos o multados por las fuerzas del orden, por lo que se organizaban en fiestas privadas, o en barrios de la ciudad, como El Polvorín, dónde era más difícil ser sorprendidos que no en el centro de la ciudad. Cuando eran vistos por alguna autoridad, los enmascarados huían de ella, para no ser sancionados. De esta rutina de las fiestas de invierno, se acuñó la expresión correr el carnaval.
Los tiempos han cambiado pero las costumbres no. Y la intención de celebrar la festividad es la de todos los años y la que pervivirá por los siglos de los siglos. Así será con La Bañeza y con sus gentes.