Campo de ensayo de Van Gogh

El girasol es un after para insectos, el éxtasis de abejas libadoras de almas que comparten la pasión por la vista, como viajeros eclipsados de ese León que parece en mitad de la nada

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l. urdiales

El efecto girasol salta a la vista en el paisaje leonés; es lo que tiene agosto para la atención del viajero y el sueño dorado de las abejas, estimuladas hasta el éxtasis en medio de esos campos del estallido amarillo en una de las pocas flores que se atreven a florecer en el verano leonés. Hay que ir a los cordones de los cultivos oleicos como se va al cinturón maicero, con un efecto similar para la paz y el reposo del viajero, harto a estas alturas del año de decorados urbanos y de escenas del sofá con los documentales de la Dos de fondo y la migración de especies que no son patos. El girasol aporta un salto de cualidad al viaje a ninguna parte que se puede emprender en León todos los estíos con el fin de llegar a los mejores lugares. Ahí, también, entre carreteras perdidas e infames, también hay escolta de este ejército de soldados tiesos que cabecean al ritmo del sol que más calienta. Hay algo de hipnótico en el girasol que se traduce en beneficio para la tierra que lo deja crecer y lo adopta como hijo predilecto mientras se despide de la añada del trigo 2026, ahora como panes de brotes de olivo en torno a la mesa y otros pasajes bíblicos de alto contenido espiritual. A dónde van los granos cuando caen, a dónde van las pipas que crecieron en una masa de color y estambres amarillos, la piscina en la que se zambullen los polinizadores. A dónde van las pipas que eclipsaron al viajero cuando no había otro horizonte mejor en el que dejar la vista reposar. A acostarse en la siesta para despertar con toda la división de aquellas hectáreas en vista a la derecha, ar, cuando la derecha es el poniente, y el poniente es la pista por la que el Sol se da el piro esa tarde, y todas las tardes del mundo, mientras el girasol deja de ser modelo para las portadas de los libros de texto de Leo y Experimento, ahora manipulación del medio, y se dispone a posar para las agencias de empresas que venden aceite alto oleico al por mayor y pipas a los minoristas. A dónde llegan las pipas antes de rebozarse en sal, antes de inmolarse en la molturadora. Dónde están las pipas antes de hacer chas, en ese glosario anatómico botánico de los enamorados que se confundieron con el encuadre de la amapola y el caso es que lo que atrapaba conciencias era el rosetón de pétalos del me quiere no me quiere eterno de vicio de ruleta rusa a la que termina por incitar el girasol. La mitad del viaje del viajero esta vez de agosto, que no invita a salir mucho de casa está amortizado a mitad de la visita, con todas estas dudas resueltas. La cosa es que luego se abre la enciclopedia de la agronomía y la sucesión de flores de girasol, lo que se ve en cabeza, comparten lo que llevan a la inversa, la raíz que se mete a los tuétanos y emprende una de las relaciones más generosas de la planta con la tierra que elige para el cultivo. Oda al girasol que se deja mirar sin rubor: el sistema de raíces del girasol es profundo y vigoroso, y mejora la estructura del suelo. Sus raíces actúan como agente de rompimiento, reduciendo la compactación del suelo y mejorando su porosidad y drenaje. Además, el girasol tiene la capacidad de extraer nutrientes del subsuelo, lo que ayuda a desbloquear nutrientes en el suelo y los pone a disposición de otros cultivos en rotación. Enmudece la sala de los que iban a salvar el mundo con el espacio para prao. Ojo, que el girasol, al igual que el resto de las plantas del mundo vegetal, realiza la fotosíntesis, proceso mediante el cual captura dióxido de carbono (el mal querido CO2) del aire y lo convierte en biomasa. El cultivo de girasol contribuye a la captura y almacenamiento de Carbono, ayudando a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y a combatir el cambio climático. El viajero, aquí, ya no sabe si está ante una parcela de los inacotables valles del Esla o en la convención de políticos que se reunieron para salvar al Mundo de las garras del fin de los tiempos. Anatomía del girasol en la sala de ensayo ideológico. Anatomía del girasol, así como lo verían las veinte mil abejas que salen de una colmena viajera que se pone al lado del viajero. Empatía total. Las flores de girasol son grandes y atractivas para una amplia variedad de polinizadores, como abejas y mariposas. El cultivo de girasol puede contribuir a la conservación de la biodiversidad local, porque regala un hábitat y una fuente de alimento para los polinizadores y otros insectos beneficiosos. No hace falta abundar en un ensayo científico de cómo repercute en el trato crucial para mantener la salud de los ecosistemas y la polinización de otros cultivos cercanos. El viajero se desmaya porque no llegó al campo de girasoles por sugerencia de ninguna señalización horizontal que condicione la voluntad; tipo a próxima salida, Alcorcón, o los Picos de Europa, por ejemplo. Esta acuarela amarilla que inspiró a Van Gogh se pone receptiva a los creadores de contenido; es un ciclo imbatible y vital que te lleva a mirar al girasol mientras el giraron mira al Sol y el Sol termina por mirarte a ti, viajero empedernido del León recóndito.

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