La cigüeña cambia el rumbo

El cambio climático acorta la migración de una especie que mantiene estable su población en León, pese a la tendencia decreciente en el conjunto de España

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maría carnero

A finales de agosto, cuando el verano comienza a perder fuerza y las horas de luz se acortan, el cielo leonés empieza a registrar uno de los grandes movimientos de la naturaleza. Las cigüeñas blancas empiezan a abandonar sus zonas de reproducción y algunas emprenden el camino hacia el sur. Sin embargo, la migración de la cigüeña blanca ya no responde al patrón de hace unas décadas. El cambio climático y la mayor disponibilidad de alimento durante el invierno han modificado sus desplazamientos y cada vez son más los ejemplares adultos que permanecen en la Península. Una transformación que también se refleja en la evolución de la especie. Mientras el último censo apunta a un descenso de la población española, Castilla y León mantiene sus efectivos estables y León continúa siendo uno de sus principales territorios de cría.

El último gran censo nacional de SEO/BirdLife, realizado en la primavera de 2025 dentro del VIII Censo Internacional de Cigüeña Blanca, sitúa en unas 10.997 parejas reproductoras la población de Castilla y León, casi un tercio del conjunto español. En León, el último censo general completo de referencia contabilizó 2.799 parejas reproductoras repartidas en 760 localidades, una cifra que sitúa a la provincia entre los principales territorios para esta especie en España.

El dato autonómico contrasta con la evolución nacional. El censo de 2025 estima entre 33.500 y 34.000 parejas en España, una cifra similar a las 33.217 registradas en 2004, pero inferior a las aproximadamente 42.000 estimadas en 2014. Tras décadas de crecimiento, la población española ha entrado en una etapa diferente y la tendencia ya no es homogénea.

Castilla y León se encuentra entre las excepciones. Su población parece haberse estabilizado, mientras se detectan descensos importantes en Extremadura o Navarra y un crecimiento notable en Madrid. Extremadura, uno de los grandes núcleos históricos de la especie, ha perdido más de 2.500 nidos. Entre las posibles causas figuran el cierre de vertederos, los cambios en los usos agrícolas y la retirada de nidos de edificios, iglesias y monumentos.

En León, la cigüeña continúa siendo una presencia inseparable del paisaje rural. Sus grandes nidos coronan iglesias, torres, silos, postes y tendidos eléctricos y forman parte de la imagen cotidiana de numerosos pueblos. Su abundancia ha hecho que durante años se considerara una especie casi garantizada, pero los especialistas recuerdan que incluso las aves comunes son excelentes indicadores de los cambios que experimenta el territorio.

Durante estas semanas comienza el movimiento migratorio, aunque no todas las cigüeñas realizarán el mismo viaje. El programa Migra de SEO/BirdLife siguió mediante GPS a 79 ejemplares durante siete años, reuniendo cerca de tres millones de localizaciones y permitiendo comprobar con detalle cómo ha cambiado la estrategia migratoria de la especie.

Los datos muestran que las cigüeñas blancas adultas de la población española pasan actualmente el invierno principalmente en la Península, mientras los ejemplares jóvenes mantienen en mayor medida el comportamiento tradicional y se desplazan hacia África. Por eso, cuando a finales de agosto comienzan a verse los primeros movimientos hacia el sur, no se trata necesariamente de un éxodo general. Muchas adultas permanecerán en España o realizarán desplazamientos mucho más cortos.

Los cambios producidos en el medio explican parte de esta transformación. Los vertederos y las grandes superficies de regadío han proporcionado durante todo el año recursos alimenticios que antes eran más difíciles de encontrar durante el invierno. A ello se suma el cambio climático, que modifica los hábitats, las temperaturas y la disponibilidad de alimento y obliga a numerosas especies a adaptar sus calendarios y desplazamientos.

Las cigüeñas adultas encuentran así en España unas condiciones que permiten a muchas evitar el peligroso cruce del Estrecho y el largo viaje hasta el Sahel. La migración no desaparece, pero se acorta. Es una de las muestras más visibles de cómo el cambio global está alterando el comportamiento de las aves.

Los ejemplares jóvenes son quienes conservan en mayor medida el antiguo comportamiento migratorio. Tras abandonar el nido, muchos emprenden el viaje hacia el sur, atraviesan el Estrecho de Gibraltar y se internan en África. Su destino habitual es el Sahel, al sur del Sáhara, donde encuentran condiciones para pasar el invierno.

Este viaje tampoco está exento de riesgos. Las sequías que afectan a esta región africana y la mortalidad provocada por disparos y caza ilegal constituyen amenazas para las aves que realizan la migración.

La diferencia entre jóvenes y adultos es, por tanto, fundamental para entender el nuevo comportamiento de la especie. Mientras una parte de las cigüeñas jóvenes sigue realizando un desplazamiento de miles de kilómetros, cada vez más ejemplares adultos permanecen en España.

La cigüeña blanca continúa siendo una de las aves más reconocibles de León. Su silueta sobre una iglesia o un campanario sigue formando parte del paisaje de la provincia, aunque aquella vieja certeza de que «por San Blas, la cigüeña verás» haya perdido parte de su sentido.

La especie ya no se comporta como hace décadas. La migración comienza ahora a finales de agosto para una parte de los ejemplares, pero el viaje hacia África es cada vez menos universal. Las adultas han reducido las distancias, muchas permanecen en España y los jóvenes mantienen con mayor fidelidad la ruta transahariana.

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El último censo deja así una doble lectura. España ha perdido cigüeñas respecto al máximo registrado en 2014, pero Castilla y León mantiene una población estable y León continúa albergando miles de parejas reproductoras. Mientras la especie adapta sus viajes a un clima y un territorio que están cambiando, sus nidos siguen siendo una de las estampas más reconocibles de los pueblos leoneses.