Un gigante de la molienda maragata

El molino de viento de Lagunas de Somoza es una rareza en el amplio catálogo de la molienda leonesa. Se erige en una pequeña loma desde la que se divisa el Teleno y el gran pinar

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Lagunas de Somoza tiene un gigante maragato. Una misteriosa construcción de piedra que se eleva sobre un montículo que no alcanza la categoría de teso es el único molino de viento de la provincia que permanece en pie.

Una rareza puesto que León, que ha llegado a tener más de 4.000 molinos, no fue un territorio dado a explotar los vientos hasta que llegaron los parques eólicos que ahora amenazan su paisaje. Las abundantes aguas de sus ríos, arroyos y presas han sido la principal fuerza para la molienda desde que se abandonó la que se hacía a mano piedra contra piedra.

«No faltaron, de modo excepcional, los molinos de viento», aclara Joaquín Alonso González, quien en su libro «Los molinos tradicionales en la provincia de León» sitúa en la provincia cuatro lugares que tuvieron molinos de viento. Y no todos para moler trigo.

El molino de viento de Lagunas de Somoza.GAITERO

La extracción de aguas freáticas en Puente Castro y La Bañeza están detrás de dos de los cuatro ejemplares que se han identificado hasta ahora. «Hay que recordar que, desde el siglo X se utilizó en el Califato de Córdoba un artefacto de eje vertical movido por la fuerza eólica», precisa el investigador leonés.

Los dos restantes se dedicaban a molturar grano. Uno de ellos estuvo situado en el cueto de Villameca, en La Cepeda, y el otro, del único que quedan restos, en Lagunas de Somoza, «sobre una pequeña loma y orientado hacia los vientos dominantes del oeste».

El molino de viento de Lagunas de Somoza ofrece a sus pies las magníficas vistas del pinar de Tabuyo y del monte Teleno, que gobierna el paisaje de la comarca. Una extensa masa verde que contrasta en verano con los cultivos cerealistas que rodean al molino y la omnipresente fuerza de una de las montañas más emblemáticas de León, asociado al dios Marte en la mitología romana.

La edificación, una construcción circular de piedra, no conserva la maquinaria ni las aspas que den cuenta visual de su verdadera existencia.

Visto desde lejos puede parecer una torre, pero no reúne las características tipológicas ni tampoco la ubicación que se espera de una torre vigía, como señalan quienes lo han investigado.

Vista del cielo desde la parte superior del molino de viento.GAITERO

La antigüedad de la edificación es posterior al Catastro de Ensenada, pues no figura en el minucioso inventario que se hizo en todos los pueblos de España para el cobro de impuestos en el siglo XVIII. Ensenada reseña en esta zona un camino que conduce al Castro, por lo que se deduce que, con el tiempo, la instalación del molino relegó el nombre original. Poco o nada se sabe sobre su historia molinar y también se desconoce cuándo de dejó de funcionar.

Joaquín Alonso aventura que «su maquinaria era compleja y seguro que semejante a la de los molinos de esta clase que hubo en Valladolid y en Zamora», provincias en las que ha quedado constancia fehaciente del despligue de ingenios para molturar que usaron la fuerza del viento, como en La Mancha de Don Quijote o la Holanda de los Países Bajos.

En esencia, los molinos de las provincias vecinas constaban de un hueco estrecho y en posición vertical, un cilindro, «donde se instalaba un colector de harina situado entre puertas, y empotrado en el muro en forma de nicho con conducto semiempotrado, viniendo de la planta alta, donde se encontraban las muelas». Si hay un dato que atestigua el uso de la construcción es el topónimo sobre el que se asienta: el Molino, como apunta Raúl Blanco Alonso en el libro 'La Somoza de Astorga' (tierra de maragatos).

Joaquín Alonso González estima que, a pesar de la falta de restos de la maquinaria propia de la molienda, quedan indicios en las oquedades internas del edificio, al que se puede acceder libremente desde la carretera que atraviesa Lagunas de Somoza hacia Luyego.

Desde la pequeña loma donde está el molino hay un mar de pinos como panorámica.GAITERO

«Su tipología y disposición con eje horizontal y muelas de mayor tamaño que las utilizadas en los hidráulicos, tampoco debían diferenciarse de los manchegos, portugueses y de otros semejantes» como los que detalla Julio Caro Baroja en el libro Tecnología Popular Española.

El molino de Lagunas de Somoza es una excepción en León y su enclave en la subcomarca de la Somoza maragata constituye un atractivo que el Ayuntamiento de Val de San Lorenzo ha incluido en sus rutas turísticas por el municipio más allá de la visita al Batán Museo y La Comunal que exhiben la grandeza de la industria artesanal de la lana en la comarca. 

Desde el molino se puede bajar por un camino a la otra punta de la localidad y hacer un paseo circular empapándose con la suave brisa del Teleno o con los vientos del oeste que dieron fuerza a las aspas de este ingenio.

El pueblo, que muchos enclaves maragatos, destaca por la primorosa restauración y conservación de su caserío, merece un paseo por sus calles. Desde luego, todo su entorno justifica una visita a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un edificio del siglo XVIII al que cariñosamente se le conoce como 'Catedral de la Maragatería'.

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El Molino de Lagunas de Somoza no pudo aparecer en el Quijote de Cervantes, pero sin duda el caballero andante lo hubiera tratado de gigante como hizo en sus aventuras y desventuras por La Mancha. Un gigante maragato con el que cualquiera puede disfrutar de un paseo por la historia en estas tierras legendarias de arrieros y mujeres que molían solas.