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Ya tenemos aquí nuestros propios altercados callejeros. El pasado domingo jóvenes destrozaron terrazas y mobiliario urbano, como protesta contra el toque de queda que les limita —¿solo a ellos?— la movilidad nocturna. El alcalde de León, José Antonio Diez, ha condenado sin rodeos este vandalismo. No tranquiliza que los vándalos fuesen pocos, pues una sola chispa basta para incendiar todo un bosque. Entre ellos, había menores y algunos adultos. Por supuesto, quienes pergeñan estas acciones violentas suelen quedarse en casa, viendo series. Leo que gritaban «libertad», pese a que todos ellos han nacido en democracia. Reclaman que abran por la noche los bares, pero destrozaron sus terrazas. Harían bien en pedirles a sus abuelos que les hablen de una vieja canción de Jarcha, en cuyo estribillo se proclama: ‘libertad, libertad/ sin ira libertad/ guárdate tu miedo y tu ira…’ El miedo es libre, me dirán. Ya, pero te esclaviza. Además, cada uno tenemos los nuestros, y vivir consiste en intentar no ser vencidos por ellos. Nadie lo logra sin ayuda. Aún hay mucho por lo que luchar, pero sin vandalismo. Joven airado, guárdate tu miedo. Créeme, la fraternidad es la única revolución pendiente. Y guárdate también tu ira. O mejor, dilúyela en amor. En cuanto a la libertad, «si no lo hay sin duda la habrá». Pero es tarea diaria, que empieza en la propia conducta, incluida la tuya. Los negacionistas de los méritos de la Transición te dirán que la letra de Jarcha es demasiado equidistante, pero tú ni caso.

Por cierto, la escultura instalada sin permiso junto al Hostal San Marcos y llamada por su autor El cagador de León ya no está en alto. Prefiero su apodo: El extraterrestre . ¿Aterrizo solito? Ahora parece aburridín, casi dan ganas de buscarle novia. Si lo casamos, ahora sí que nos viene Iker Jiménez. Y no habría hotel para tanto turismo. Estuve tentado de llevármelo a casa, pero mi mujer es de las que no acepta pulpo como animal de compañía.

Y sí, joven airado, dile a tu abuelo que te enseñe esa vieja canción de Jarcha. Luego, ordena tu cuarto, lee algo y dedica un rato a pensar qué puedes hacer por la sociedad, sin morderla. De momento, ¿qué tal si le enseñas el León diurno al extraterrestre?