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El pasado 30 de septiembre tuvo lugar en el espléndido marco del monasterio berciano de Carracedo un acto singular. Por su puesta en escena y por la proyección de su significado. A la entrega de los recientemente creados por el Instituto Leonés de Cultura Premios Concejo se unió la del Caitano Álvarez Bardón, de literatura en leonés, y el clásico Provincia de León de poesía, igualmente dependientes ambos de la institución cultural de la Diputación.

El párrafo pareciera ser el desarrollo esquelético de una noticia para calzar alguna otra considerada de mayor calado informativo. Nada que objetar a la consideración que el profesional estime. Faltaría más. Sí, sin embargo, aprovechar esta para poner en valor, bajo mi punto de vista, algunas consideraciones.

La primera tiene que ver con la puesta en escena del acto, de la gala en realidad, que en una de las acepciones del diccionario de la RAE habla de “actuación artística de carácter excepcional”. Excepcional e impecable. El escenario, la disposición en que se ubicaron los asistentes —un grupo muy nutrido— y el desarrollo de la gala —música, breves discursos, pantallas de proyección, conversaciones colectivas, ambientación…— dieron origen al subrayado de una puesta en valor de los premios y los premiados como nunca antes servidor había visto por estos pagos. Y es para alegrarse porque, sobre todo, la actividad cultural adquiere la relevancia de la que también es digna.

Además del concepto de encuentro y participación, de compartir con los que fueron distinguidos, premiados, la mayor importancia reside, a mi juicio, en la visibilidad que reciben, generalmente mantenida en la penumbra hasta ahora y en buena medida. Visibilidad e intercambio —este, una forma que amplía el conocimiento de los otros— fueron las palabras más escuchadas, siempre cercanas o identificadas con la sensatez, la humildad y la elegancia.

La intensa acción cultural y puesta al día por parte del Instituto Leonés de Cultura en la actualidad son innegables. Esta que ahora comentamos es una muestra más de su dinamismo y renovación. Cuando esto ocurre, nada mejor que pedir continuidad en el desarrollo por parte de la clase política, a fin de que las posibles alternancias, sea del signo que fueren, no rompan trayectorias saludables para generar proyectos de corto alcance. Las sinergias son colectivas. Mantener, alargar e innovar, en su justo equilibrio, es un síntoma inequívoco de enriquecimiento.