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Por qué a Margarita le queda una Torre y las otras se han desvanecido es cosa que quizá no pasa de la anécdota. Aunque como tal tiene su comidilla, como los no acentos del alcalde, ahí cada uno asienta como mejor entiende el realengo de sus predecesores. O no. Es, en todo caso, cosa que preocupa mínimamente al respetable, que suele estar más afianzado en sus reales convicciones y prejuicios que analizando desde la crítica constructiva lo nutrido que nos acontece en los ya no tan albores de los comicios de finales de mayo.

El caso es que a la ciudad de León le han surgido dos candidatos de los partidos mayoritarios revoltosillos. Incómodos. Que sean independientes (o no) de sus aparatos y lo que esa actitud (o no) rente o reste a los proyectos de ciudad es lo que tendrá que valorar el votante. O no. Veremos.

Lo del candidato socialista y alcalde es un pulso que viene de lejos, y se reverdece cada vez que hay ocasión. La cosa de los populares es tan reciente en sus propuestas y despropósitos que provoca perplejidad y sobresalto, quizá porque en este bando vivíamos adormecidos en un confortable adocenamiento.

Las siglas del leonesismo viven por su parte la dulzura de los periódicos brotes verdes que tratan de fagocitar los partidos mayoritarios, y los sarpullidos que presuntamente la cuestión contagia a sus aparatos se deja estar porque aquí no hay futuro sin compañero de andanzas gubernamentales. Hace falta socio, sí o sí, y la llave que maneja la UPL tiene cada vez más engranajes.

Del resto de las confluencias, la verdad, hay entre el electorado una falta de interés que se escurre por las esquinas de las encuestas. Ojo, porque no hay que descartar ni despreciar espontáneos en este tablero que inclinen balanzas con la legítima subasta de sus prioridades.

Con estos mimbres León enfila el futuro que se teje. No sólo la ciudad, el puzzle tiene un complejo entramado provincial que a poco más de un mes de la cita con las urnas sigue urdiéndose.

Si lo importante son los proyectos, ya están llegando tarde. De momento todo lo que hemos visto parece, como en el bolero, puro teatro. Preocupante vodevil.

Decía Borges que la democracia es el abuso de la estadística. Hay sequía en el campo mientras las encuestas nos inundan. Es la operación bikini. Muestran lo atractivo pero ¿ocultan lo fundamental? Pronto lo sabremos.