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Que el Incibe se ha consolidado como uno de los grandes motores del turismo congresual de la ciudad es algo que nadie puede poner en duda. Quizá el Enise, a punto de cumplir su mayoría de edad, sea el exponente más visible; pero cuantas actividades desarrolla a su alrededor el Instituto Nacional de Ciberseguridad mueven un muy abultado volumen de personal, con muy abundantes recursos con los que apurar los encantos de este León que tanto sacia las hambres y los ocios de los visitantes. Ahí está la cita anual del Cyber BootCamp, por ejemplo. No sólo vienen quienes se arman contra el cibercrimen, sino que vuelven con sus familias a descubrir una provincia en la que de otra forma difícilmente habrían recalado.

Esta feliz circunstancia debería ser el punto de partida, no de zona de solaz confort, de lo que es exigible que dé de sí el turismo de negocios en León. El director general del Incibe lo advirtió esta semana: el Palacio de Exposiciones se queda pequeño para esta cita. Y no hay nada más grande. Claro que pocas convocatorias mayores pueden fondear en una ciudad que no sólo carece de plazas hoteleras suficientes (ahí sigue abierta la herida del lujoso parador enquistado en su mínima expresión), sino que aprovecha cualquier lleno a la vista para disparatar los precios de lo disponible.

Es mucho lo que hay que pergeñar y remar para consolidar lo que se ha dado en llamar el turismo Mice como una oportunidad económica real para León. Y la competencia de ciudades como Oviedo u otras vecinas autonómicas está espabilando a pasos agigantados. En este sector la provincia, en lo público y en lo privado, sigue mirando al tren. Quizá al que verán pasar a partir de dentro de un mes con sus altas velocidades en busca de felices destinos más competitivos.

Hay, sin embargo, en torno al Incibe otra realidad adormecida, ojalá no olvidada. Entre sus fines está el desarrollo de un tejido empresarial en cibereguridad puntero y competitivo. Para ello cuenta en los últimos años con presupuestos astronómicos, alimentados también desde Europa. ¿Dónde están aquellos polos de los que presumimos y el potencial con el que soñamos? Desde luego en el vivero de la Universidad, pero falta que el polo de empresas y empleo cualificado sea palpable. Esa es también una riqueza a la que no es aceptable renunciar. Se echa de menos la voz de la economía y la política leonesa en este negociado.