CANTO RODADO
Un hombre comprometido
José Luis Pérez Soto fue durante mucho tiempo un asiduo a los Lunes Sin Sol en la plaza de Botines de León
Una de las concentraciones de los Lunes Sin Sol en León
Es habitual honrar a una persona querida que fallece con el recuerdo a sus mejores cualidades y a los momentos compartidos. Este sábado despedimos a José Luis Pérez Soto, periodista, entusiasta ciudadano de la solidaridad, la caridad y la cultura, marido de nuestra querida Camino Gallego y padre de Elvira y Eva. Con sus cenizas depositadas en una urna y la fotografía de su eterna sonrisa cubierta por la gorra, de la que no se quiso separar ni en la muerte, el sacerdote franciscano rememoró su paso por este mundo guiado por los homenajes que colegas de la pluma han escrito tras su muerte.
José Luis, desde el más allá, y Camino, con los pies en el suelo hasta en los momentos más adversos, consiguieron reunir en la iglesia de San Francisco al mayor número de compañeros y compañeras (de profesión y de oficios varios, especialmente del viejo Diario de León) que se recuerda en mucho tiempo.
El retablo original de la Catedral de León, que preside el altar de este templo, fue testigo de una despedida entrañable y emotiva. Un acto de homenaje y de gratitud que su hija Eva, en nombre de toda la familia, expresó de forma sencilla y magistral. A muchas nos tocó el alma.
Eva recordó, entre los muchos compromisos que su padre se echó a las espaldas tras su prejubilación en Televisión Española, el compromiso que mostró con la no violencia hacia las mujeres. José Luis Pérez Soto fue un asiduo de los Lunes sin Sol en el tiempo que esperó en León a la jubilación de Camino y, posteriormente, en las temporadas que pasaba en su querida ciudad en alternancia con el nuevo hogar que la pareja fundó en Calpe.
Conocía esta faceta de José Luis porque alguna vez me lo encontré en la plaza de Botines y fue muy grato escucharlo de labios de su hija, con el orgullo que se intuía tras sus palabras. Pensé en lo importante que es el compromiso de los hombres para soñar con un mundo libre de violencias para las mujeres, justamente en las vísperas del Día Internacional para la Erradicación de las Violencias hacia las Mujeres.
El legado de un periodista deportivo que estudió Biología, que cantó a la vida, soñó con el cine y se despidió de este mundo con un guiño a su querido Ademar, fue más allá. Quiso compartir su familia la experiencia con el cáncer porque José Luis no sólo no escondió su enfermedad, sino que tampoco se la ocultó a sí mismo. Estaba convencido de que, aunque había dejado de fumar hace veinte años, el tabaco fue el causante del cáncer de pulmón que le sacó de este mundo cuando aún disfrutaba de sus delicias con plena satisfacción. Sentí una punzada de compasión porque nadie desea que una persona enferma se sienta culpable de su enfermedad.
El homenaje se convirtió en un alegato del homenajeado, de un hombre comprometido, que transmitió a través de su familia, no tanto desde la culpa como desde la sabiduría y del tremendo amor que tenía por la vida. Pidió a todas las personas que todavía fumen, que lo dejen; que no merece la pena. José Luis se ha ido, pero sumando otra causa (por la vida) a su lista de compromisos.