LEÓN EN VERSO
El ojo de la yegua
Cuna del parlamentarismo y no tiene parlamento; la exhortación es gratis, colgada en una esquina de las que da acceso a la circunvalación, con lo que presta en León dar vueltas para no llegar a ningún sitio; la corriente que sacude conciencias comienza a levantar el tono de las reflexiones sobre esos fondos de pantalla que emplea en el perímetro de la ciudad con el fin de colarse en la atención de las prisas, como la carne de chuletón a la brasa o los mejores seguros de salud, siempre aconsejables, para complementar el tiempo de jubilación, ahora más que nunca, que ya tenemos la certeza de que no vamos a cobrar la pensión. El ojo de la yegua es otra medida de tensión en ese escenario mágico con el que León sabe recrear la realidad en probetas de uso doméstico. De esa cita sale la burra del guarda, que calibra el tono de libertad en asuntos como las dos varas, los dos bandos, las dos leyes, según se cobre o se pague; se clave o se aguante. La gente habla en León del adelanto electoral igual que en el metro de Madrid el tema de conversación era la reforma del consejo general del poder judicial, que llenó horas y horas de metraje de la factoría de ficción que crea el poder para alelar a la masa. Al apagar la luz de Navidad, 2025 sobresaltó a los politólogos leoneses con la obsesión de ir a las urnas este año, con el fin de colocar en los pasillos de la autonomía la doctrina del caos de Bruselas, para asfixiar al sector primario y apretar más los correajes con la emergencia climática, las zonas de bajas emociones, el clavo al diésel y el coche eléctrico. El ojo de la yegua no tiene buena pinta. Qué le habrán visto para que la demoscopia no sepa qué hacer con las encuestas, que ya predicen que las abuelas leonesas van a votar mal. La declaración de intenciones de final de año no cuaja en la opinión pública, que sigue a lo suyo, con las paradojas, mientras vuelve de la estación de despedir a los hijos de la estampida del final de los días entrañables: entonces, no gubernamental y sólo recibe dinero del Gobierno. Cosas de estas, para templar a la milana que revolotea sobre nuestras cabezas dispuesta a pedir las primeras piezas del kalashnikov.