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Hace dieciséis años —galopa el tiempo— estuvo en León Manuel Elkin Patarroyo. Vino a la creación de su cátedra (¿qué fue de ella?) en convenio con esta universidad y una clínica privada para investigaciones biomédicas. Desde hace tres días resuena su nombre en obituarios y elogios de medio mundo por su gran talla científica como virólogo y descubridor de la vacuna sintética contra la malaria con su controversia. Murió en su Bogotá donde residenció sus investigaciones desoyendo ofertas de grandes laboratorios a los que tampoco quiso vender su vacuna, cediéndosela a la OMS. Creía demasiado obsceno hacer negocio con la salud de los pobres. Gran tipo. Honra se le debe.

Uno de sus anfitriones en León fue el doctor Serafín de Abajo Olea (ojalá, Seráficus, este abrazo gigante nuestro pudiera devolverte tu tantísimo saber, tu corazón al descubierto y tu memoria), quien me relató un aspecto humano del gran científico al que se le ofreció aquel día una cena oficial en la que no se cortó un pelo y él solito se bebió una botella entera... ¡de vodka!... porque él no era de agua, vino o cerveza... vodka con el pescado, la carne o las lentejas. Extrañado Serafín por lo que parece desmesura, y observando que no por ello le engordó la lengua o le bailaban palabras y conceptos en la charla seria y amena, le preguntó y Patarroyo le dijo que a lo largo del día le caía otra botella. Le era usual. Y le explicó que la ginebra era el destilado más saludable, pero que no le gustaba mucho por tener demasiada especia y aroma (hasta quince o veinte algunas), mientras que la vodka es más seca y nada perfumada. Añadió que el whisky no es bueno ni como vasodilatador, que dicen; y que el coñac, ni probarlo, quitallá, malo pal seso, el sexo y la salú. Ah, y que todo el mundo debería beber uno o dos gintónics al día, algo que un político en aquella cena aplaudió con las orejas y a la mañana siguiente, tras reunirse en la Diputación, pagó una ronda de gintónic a media mañana en el Victoria. Y que la ginebra es buena lo demostraba la Reina Madre en Inglaterra a sus cien años. En fin, como brindar a su salud sería necio, tú dirás ¡en tu memoria, Patarroyo!