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Quizá porque mi niñez sigue jugando en la playa de un ultramarinos y escondido en la trastienda duermen mis primeros sueños de calderilla, aún no alcanzo hoy a entender los mecanismos de la Bolsa, tantas veces desconcertantes, ni el dinero en magnitudes como las que dispara ese eufórico y delirante Musk arremetiendo con una opa hostil a OpenIA por la que ofrece de entrada casi cien mil millones de dólares (yo hay mañanas que no los gano). Y ahí está la Bolsa española creciendo en verde cuando el mundo se agita en la incertidumbre agresiva que siembra Trump excitando a los suyos al decirles que todos hemos estado robando a los Estados Unidos un año y otro... ¡y más aranceles, es la guerra!, como si el Despacho Oval fuera el camarote de los hermanos Marx y ¡más madera! como si les hubiera comprado a los catalanes su eficaz matraca de «Espanya ens roba», diciendo que las naciones han estado abusando y robando a Norteamérica del Norte.

Y si crecen las bolsas siendo el dinero tan cagón e intrínsicamente cobarde es porque el vil metal olfatea negocio en lontananza tras estas tempestades y la tremolina guerrera que se está rifando ya porque la política mundial está en manos de las grandísimas fortunas y negocios corporativos que dan por bueno y fijo, por ejemplo, que la reconstrucción de Gaza será su pelotazo... y las tierras raras de Ucrania y la minería africana... y el secuestro de la verdad con sus redes de arrastre que no dejan de pescar merluzos, rollizas ballenatas o alegres chanquetes que no miran por dónde van como pidiendo collar y cadena.

Y ya no hay vuelta atrás, el dinero es Dios, el único dios que les mueve a ellos y a nosotros también zarandeándonos, dios que promete un Cielo consumista o un Infierno de miseria y éxodo de desheredados muriendo en el camino. El dinero todo lo puede (dios omnipotente), todo lo sabe (dios omnisciente) y está presente en cualquier lugar (dios omnipresente). ¿Quién podrá escapar de su tiranía? Y te exigirán rezar al dinero como único Dios verdadero y venerarle, glorificarle y predicar su doctrina por el orbe alante... y cada banco, su templo.

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