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León fue uno de los primeros lugares de España, tal vez el primero, donde se eliminó un monumento franquista. En plena dictadura la cruz de los caídos de la plaza de San Isidoro fue sustituida por la columna trajana erigida con motivo del 1.900 aniversario de la llegada an León de la Legio VII. Los hermanos Seoane, canteros legendarios del patrimonio, atestiguan que la piedra de Boñar de esta cruz fue reutilizada en la restauración de San Isidoro, en concreto para los ojos de buey del claustro de la colegiata.

Nadie dijo ni mú. El episodio fue una pura coincidencia, pero quitó a León un peso para la futura democracia. Lástima que con este camino andado la desmemoria se extienda por la ciudad. El alcalde de León vive en un no parar de inaugurar placas y renombrar calles o pedazos de vías públicas con todos los nombres de las cofradías habidas y por haber. Pero el callejero sigue casi inamovible desde principios de este siglo para ampliar la exigua lista de mujeres en la memoria pública. La ciudadanía que no forme parte de esas cofradías o de los que se resisten a cambiar nombres franquistas contra la ley no tiene vías eficaces para participar con propuestas. La desmemoria está instalada más allá de San Marcos. Los casi 15.000 expedientes de consejos de guerra que los golpistas hicieron a leoneses y que fueron recopilados en el Archivo Militar de Ferrol con fondos públicos siguen sin ser accesibles a la ciudadanía. La asociación Aerle, inactiva desde hace años, los guarda, pero no ha cumplido el compromiso de ponerlos a disposición del público. Ahora que Javier Alfonso Cendón ya es el nuevo secretario provincial in pectore del PSOE de León y que, según el relato que ha vendido, a la provincia le va a ir de perlas (¡ojalá!), ha llegado el momento de que el último presidente conocido de Aerle (Asociación para el Estudio de la Represión en León) libere estos archivos. Es lo que prometió Cendón hace años, pero las familias y muchos investigadores siguen rogando poder tener acceso a la documentación. El Archivo Histórico Provincial de León acaba de liberar, a través de una plataforma digital, cuatro millones de documentos, incluidos los expedientes carcelarios de personas represaliadas por la dictadura. Es el momento de que esos consejos de guerra, que son memoria de muchas familias, de León y del mundo, sean abiertos al público. El AHP, una institución pública y profesionalizada que demuestra que de verdad vela por la memoria de la provincia, es su sitio. Fernando Martínez, que ayer vino a la capital leonesa a rendir un homenaje justo a Albina Pérez y Nicolás Sánchez-Albornoz, los últimos supervivientes del primer movimiento estudiantil contra la dictadura en España, debe velar también por esa parte hurtada de la memoria de León. Y, de paso, corregir a TVE que en el primer capítulo de ‘La conquista de la democracia’ ha ignorado a aquellos jóvenes que sufrieron cárcel y exilio por pedir libertad en los oscuros y hambrientos años 40.

Los archivos de Aerle en un cajón y la tele olvida el verdadero primer movimiento estudiantil contra Franco