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Nos enteramos por Miguel Delibes de Castro, que como biólogo sabe mucho y más, de algo que desconocíamos: los cangrejos de río que tanto nos echan atrás la nostalgia (tan cangreja ella) son descendientes adaptados de aquellos que Felipe II hizo traer desde Italia porque le chiflaba el rechupeteo de este crustáceo fluvial, que en realidad, por sí mismo, y nadie se engañe, no sabe absolutamente a nada si no fuera por las salsorras, arroces y guisotes donde se resuelve su sepelio. Y añade que no hay constancia en restos o documentos de que hubiera antes cangrejos de río o, al menos, que se comieran como se confirma, sin embargo, con los cangrejos de mar en diferentes yacimientos arqueológicos. Así que Felipe II hizo la gracia de introducir una especie aquí desconocida y, por tanto, alterar alegremente algún equilibrio biológico de los ríos españoles, lo mismo que ocurrió cuando en 1968 un ingeniero tonto del bombo y del culo con patente administrativa introdujo el salmón del Danubio, el hucho de ciclo fluvial procedente de Checoslovaquia, «sembrándolos» en el Órbigo, Esla y dos ríos próximos a La Coruña, donde al poco desaparecieron, aunque no los del río Tormes donde se adaptó.

De cangrejos sabía no poco mi padre (una o dos ranas destripadas era siempre su mejor cebo en los reteles: y en buena jornada podía salir de la presa de Villarrodrigo de Ordás un saco de ellos) y, sin embargo, recordaba que, de niño, en su pueblo, Santa María de Ordás, estaba mal visto comerlos porque era recurso desesperado de gente pobre; y aún más las setas que popularmente se despreciaban por insustanciales y maléficas... y hoy en esos pueblos sale garrote por un quítame allá ese boletus. Qué tiempos aquellos. Pero a los cangrejos les llegó su hora del adiós a este perro mundo que colonizaron un día. La letal afanomicosis expandió mortandad por Europa desde principios del siglo XX. Aquí llegó más tarde, pero los 70-80 fueron fatales. Se logró alguna repoblación con otras dos especies que jamás se vieron en España (el señal y el rojo americano), pero siendo inmunes, son también portadores del hongo. Y ya nada fue lo mismo.