CORNADA DE LOBO
350 osos
Quedó el pobre hombre hecho un destrozo tras matarle un oso y pasar a devorarle en parte hasta mutilarlo. Los ataques a humanos allí, en Eslovaquia, han ido en aumento y el pasado año se denunciaron casi dos mil casos, cifra ciertamente alarmante y razón por la que el ministro de Medio Ambiente de ese país anunció hace unos días un plan para sacrificar a 350 osos de los 1.300 que tiene su censo nacional, drástica medida que ha enfurecido al ecologista
misericordioso y, sin duda, a quien los adora y los lleva pequeñitos de plata colgando del pescuezo o en pulserita-sonajero. Pobres osos. Lagrimita va.
El caso es que poco más de esos 350 ejemplares son los que pueblan actualmente la cordillera cantábrica donde, sin embargo, no se tiene constancia de especiales ataques de esta especie a personas, aunque sí de crecientes incidentes y una peligrosa cercanía a poblados y cultivos con la atrevida impunidad de quien se sabe libre de cartuchazo desde 1967 amparado por ley y, en cierto modo, vestido de funcionario con plaza en propiedad, condición que suele conceder cierto grado de insolencia. Y atrás quedan siglos de pertinaz acoso persiguiendo extinguirlos por su constante daño al ganado y colmenares en estas montañas sin jamás lograrlo (en el salón del ayuntamiento de Boñar tuvieron muchos años a uno enhiesto y disecado para orgullo paleto de su corporación trabucaire) hasta que se abatió el último legalmente aquí, en Casasuertes, sin ser extraño que fuera Franco el elegido para el disparo tras atontolinar al bicho con miel y orujo para rebajarle agresividad y facilitar el tiro bobo al Caudillo, lo mismo que hicieron —esta vez con vodka y miel— al oso Mitrofán en la invitación a cazarlo que le hizo Putin al emérito Juan Carlos en 2006 en una reserva rusa, cacería en la que ya asomó de tapadillo como séquito la tal Corina para calentarle la cama al guerrero tras la agotadora batalla (Putin declararía después que, llegado el momento, se apiadaron de la pieza, no le dispararon y... ¿quién le creyó?). Así las cosas, ¿cómo no considerar valiente ciudadano republicano al oso que mató al rey Favila?... Se le añora.