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Nunca como en estas fechas, cuando la Semana Santa explota la segunda marca comercial de la Iglesia junto a la Navidad, se exhibe con tanta precisión la realidad de este León de fin de semana y fiestas de guardar. Las fechas de la Pasión resumen en apenas 10 días la ficción de una ciudad cada vez más ensimismada, más parque temático. La apuesta por el monocultivo del turismo campa sin tasa durante estas jornadas en las que, junto a los hijos del exilio que vuelven a encontrarse en las tradiciones familiares, la llegada masiva de visitantes deja al desnudo los costurones con los que la depredación ha empezado a cambiar la fisonomía urbana. Cada vez queda menos de ese León antiguo, más allá de las callejuelas y los edificios señeros. La leyenda del Barrio Húmedo ha fagocitado la esencia de sus tabernas, sus locales con historia y sus tascas familiares, incluso sus pubs canallas con identidad. Los hosteleros auténticos que no cambian sobreviven embebidos en la morralla de las moderneces pretenciosas con decoración First Dates, que igual convierten un rincón con encanto en un patio andaluz de macetas y flores de plástico que arrasan casas solariegas hasta encontrar la ganancia en su ruina. El asedio asfixia a los pocos comercios tradicionales que todavía resisten, gracias al amor propio de sus dueños por no perder el legado de sus ancestros, mientras el Ayuntamiento de Diez margina la idea del plan director que quedó encargado por sus predecesores y apuesta por reconvertir los bajos para que proliferen los nuevos modelos de alojamiento con camas calientes. Los mismos grupos de hosteleros que echaron a los vecinos con impunidad se conchabean con los especuladores de la construcción, esos salvadores de la patria que siempre están donde hay réditos con la juerga del común, para comprar ahora edificios en los que hacer pisos turísticos y redondear el negocio. El holding, que incluso ha ahuyentado a los bancos para convertir las sucursales en almacenes, avanza en su propósito de levantar un Marina D’or, ciudad de borrachera con su hortera puesta en escena y sus ofertas de todo incluido. A diario asemeja un decorado del oeste. Pero si van estos días de procesiones por allí, fíjense para lo que quieren que quede León.