FUERA DE JUEGO

Carlos Frá

La inutilidad de una dimisión

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Los asuntos más serios se diluyen en ocasiones a través de debates y pulsos estériles. La caída de la consejera asturiana encargada de la minería debería mirarse como un intento de poner un cortafuegos. El discurso cambiante del Principado se va amoldando cada día que pasa, como esa galería que perfora la tierra siguiendo el mejor filón. Apenas han transcurrido 15 días de la brutal tragedia que segó cinco vidas en Cerredo, y hemos pasado del inevitable «todo estaba en orden» del primer episodio a la búsqueda de alguien que se vaya a casa, para intentar acallar las cosas. Incluso hay quien da por bueno que la experta en minas astorgana deje su despacho, como un presunto éxito para hacer bromas sobre que finalmente alguien dimite. Visto su impresionante currículum quizá hayamos perdido una aliada, si tuviese deseo real, para investigar de verdad lo ocurrido antes, durante y después de la explosión, hasta lo más hondo del asunto.

A estas alturas parece incuestionable que allí ocurrían cosas fuera de lo legal. Que extienden las responsabilidades a muchos frentes, incluso de entes estatales como la Inspección de Trabajo. Pero con la caída de Belarmina Díaz se busca crear algo así como un tope en la vía por la que debería avanzar la investigación. Este caso nada tiene que ver con esos accidentes, más o menos inevitables, en otras minas que tenían las cosas medianamente en orden. La palabra ‘chamizo’ vuelve con fuerza. Y debe servir de alerta.

Las dimisiones forman parte, en demasiadas ocasiones, de esa batalla tan estéril como deformadora de la realidad que acapara el día a día de los partidos. Ese pulso por arrebatar al otro el relato se hace evidente tras la dana valenciana. Parece que las víctimas siguen siendo lo de menos. Lo importante es generar climas y clímax de opinión para próximas contiendas electorales. El ‘todo lo hicimos bien’, tantas veces proclamado sobre las riadas que asolaron varias comunidades, sólo es un parapeto de quienes intentar no dar la cara y ocultar responsabilidades. Es como un ajedrez, donde se busca cobrar piezas preservando las propias.

Quizá de este trilerismo de postureos se nos avecinan nuevos episodios, a cuento de esto, de la Mesa por León, capítulo 13.13, que nos quieren vender unos y otros. Me temo, y creo que no soy el único, que detrás hay mucho más tacticismo que verdadera voluntad de acción...